Guerrilleros disidentes
¿El Gobierno Nacional se preparó para enfrentar las disidencias de las Farc o ingenuamente creyó que todos dejarían las armas?
Aunque a lo largo del proceso de paz se aseguró que en las Farc había unidad de mando y que toda la guerrilla acataría los acuerdos de La Habana, habría sido muy ingenuo creerlo. Los brotes de disidencia al interior del grupo armado ilegal son preocupantes, pues además del frente primero, que ya anunció que no dejará las armas, en otros once frentes hay guerrilleros que no seguirán el camino trazado por los negociadores de Cuba.
No es coincidencia que los frentes en los que hay disidencia estén ubicados en zonas del país en las que la minería ilegal y el narcotráfico son negocios en crecimiento. Hace pocos días el propio ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, reconoció sin ruborizarse que los cultivos de coca en el país aumentaron el 39% en el último año.
Pensar que el narcotráfico no era negocio para las Farc sino un delito conexo es otra ingenuidad; lo que muestran las cifras sobre el aumento de los cultivos ilícitos (las hectáreas sembradas pasaron de 69 mil a 96 mil) y la intención de los guerrilleros ubicados en las zonas en las que están estas plantaciones es, precisamente, todo lo contrario. Los jefes de estos frentes, que ya saben cultivar la coca, procesarla y que conocen las rutas para sacarla al mercado, prefieren seguir con su negocio.
La gran pregunta que debe responder el presidente Juan Manuel Santos es si su gobierno previó esta situación y, lo más importante, si se preparó para afrontar lo que vendrá ahora que estos frentes se destaparán como los carteles de la droga que siempre han sido, situación que hará aún más complejo el posacuerdo.