Humanización del conflicto

domingo 6 de abril, 2014

Hace pocos días en Medellín el representante de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, Todd Howland, hizo tres peticiones a las Farc como muestra de compromiso con la paz: que informen sobre los secuestrados en su poder, que detallen dónde hay campos minados y que dejen de reclutar menores.

El llamado es más que oportuno, pues se trata de acciones que no deben estar supeditadas a las negociaciones que se adelantan en La Habana y que le darían algo de credibilidad al desacreditado proceso de paz que adelantan el Gobierno Nacional y la guerrilla, pues luego de casi año y medio de conversaciones no se ha dado ni una sola muestra concreta de buena voluntad por parte del grupo armado ilegal.

No puede ser que a estas alturas las Farc no den información de personas a las que secuestraron años atrás, que no se sabe si están vivas o muertas, y, lo que es peor, que sigan secuestrando.

Tampoco se puede admitir que una organización que está sentada en una mesa de diálogo no entregue información sobre las minas que ha sembrado y así evitar que más inocentes pierdan sus vidas o queden mutilados al pisar estas trampas; para entender la importancia de esta petición basta ver cómo casi 70 años después de finalizada la Segunda Guerra, en el norte de Francia aún siguen encontrando bombas enterradas.

Si no hay desminado en el campo colombiano, las minas guerrilleras seguirán causando muerte durante varios años después de la eventual firma de un acuerdo de paz.

Si bien el proceso de paz con las Farc se adelanta bajo un esquema de negociación en el que no se suspende la confrontación interna, las peticiones de Howland son consideraciones que no obligarían a las Farc a una dejación de armas antes de un acuerdo, pero que sí humanizarían un poco el conflicto colombiano.

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