La elección presidencial exige valorar formación, trayectoria y capacidad de gobernar

A propósito de Vargas Lleras: La experiencia sí importa

lunes 11 de mayo, 2026

Más allá de las opiniones divididas que siempre despertó Germán Vargas Lleras por su carácter, las reacciones generadas tras su fallecimiento dejaron un elemento común entre dirigentes de distintas tendencias: el reconocimiento a su perfil de hombre de Estado, y a su capacidad de gestión y ejecución acumulada durante décadas de ejercicio público.

Ese reconocimiento debería llevar al país, a pocas semanas de la primera vuelta presidencial, a una reflexión mucho más profunda sobre la importancia de los perfiles para gobernar.

Colombia atraviesa un momento en el que pareciera que la experiencia, la formación y la capacidad de gestión importan cada vez menos dentro del debate público, desplazadas por las emociones, las pasiones ideológicas y las narrativas simplificadas.

En ese contexto, el riesgo es enorme. Gobernar un país tan complejo como Colombia exige conocimiento, preparación y trayectoria.

Los desafíos en seguridad, infraestructura, economía y salud requieren personas que entiendan cómo funciona el Estado y que sepan ejecutar políticas públicas.

La experiencia no garantiza aciertos absolutos, pero la ausencia de ella sí aumenta considerablemente las probabilidades de improvisación y fracaso.

Además, no se trata únicamente de quién ocupa la Presidencia, también importa con quién gobierna.

Los equipos son determinantes en cualquier administración y resulta preocupante que en el debate político actual parezca relativizarse incluso la importancia de la formación académica o de la experiencia técnica.

El reciente escándalo relacionado con títulos falsificados dentro del gobierno del presidente Gustavo Petro refleja hasta qué punto sectores políticos terminan justificando cualquier situación cuando la ideología pesa más que la capacidad.

Por eso, el país debería volver a mirar con mayor rigor las hojas de vida, las realizaciones y la preparación de quienes aspiran a gobernar.

No basta con discursos emocionales ni con conectar políticamente con determinados sectores. Administrar el Estado exige conocimiento y resultados.


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