Jóvenes y violencia

martes 17 de mayo, 2016

Si no se hace algo para evitar que más niños y jóvenes entren al mundo del delito, la paz no será posible.

Ahora que el Gobierno Nacional y las Farc anunciaron el compromiso del grupo armado ilegal de sacar de sus filas a los menores de edad, vale la pena hacer una reflexión sobre lo que ha significado para Colombia el reclutamiento forzado de miles de niños y jóvenes que han terminado obligados en las filas de las guerrillas y de la delincuencia común.

Las cifras del Gobierno hablan de 9.000 niños reclutados para la guerra por diferentes actores, pero no se sabe cuántos menores de edad hay en las filas de las Farc, tampoco cuántos de los guerrilleros mayores de 18 años ingresaron a las filas subversivas siendo niños o adolescentes.

El daño causado a estos menores de edad, a sus familias y al país, al arrancarlos de sus vidas para convertirlos en máquinas para matar, es incalculable.

Pero el drama de los niños y jóvenes reclutados por la violencia no es exclusivo de quienes fueron obligados a incorporarse a las Farc, al ELN o a los paramilitares en las zonas rurales. En las ciudades, y Cali es prueba de ello, los menores de edad son también instrumentalizados por la delincuencia común. Los sicarios, los atracadores, los expendedores de droga y quienes están en la prostitución son en una gran e indeterminada proporción menores de edad o entraron en ese mundo estando aún en la niñez o la pubertad. ¿A ellos quién los desmovilizará?

Por simbólica que sea la firma de un acuerdo final entre el Gobierno Nacional y las Farc, en Colombia no habrá paz mientras las nuevas generaciones sigan ingresando a la espiral de la violencia. ¿Qué se está haciendo parar romper con ese círculo? ¿Que se hará para que los menores de edad no sigan siendo presa fácil del delito?

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