Estos escándalos solo servirán para ahuyentar a más votantes
La feria de los avales
La política es la segunda profesión más antigua de la historia. A veces creo que se parece mucho a la primera”. La frase es de Ronald Reagan, el gran presidente estadounidense, quien, ante el deterioro de la actividad pública, la equiparó con la “profesión” más antigua del mundo, la prostitución.
Esta cita viene a colación a raíz de la avalancha de quejas que se escuchan desde el cierre de inscripción de los candidatos a concejos, alcaldías, asambleas y gobernaciones por cuenta de los manejos que los partidos políticos le dieron a la entrega de los avales.
Sin que ello implique una añoranza a la época del bipartidismo, hay que reconocer que otrora el Partido Conservador y el Partido Liberal avalaban a candidatos que representaban sus postulados, pero ahora éstas y todas las colectividades se convirtieron en una especie de tiendas, en las que los avales, con contadas excepciones, se entregan al mejor postor, sin que la conexión ideológica entre el candidato y la institución política importe. Las razones programáticas pasaron a un segundo plano, ahora prima la negociación entre los candidatos y los directivos de los partidos, algo que se da prácticamente en términos transaccionales.
Por eso ahora se escuchan denuncias de venta de avales, suplantaciones, violación de estatutos en la definición de candidatos y se ve a muchos dirigentes políticos que se declaran en desobediencia frente a los candidatos a los que sus colectividades decidieron avalar.
Estas prácticas al interior de los partidos les dan la razón a quienes prefirieron recoger firmas e inscribirse como independientes, para no quedar prisioneros de las mafias de los avales.
Lo más grave es que, a menos de tres meses de las elecciones, los escándalos de los avales solo servirán para ahuyentar a más votantes.