La Policía
No puede seguir haciendo carrera la frase que dice que “es mejor la seguridad que la Policía”.
¿Cómo se afecta la relación entre los ciudadanos y la Policía después de los hechos delictivos en los que se han visto involucrados varios miembros de esta institución en las últimas semanas?
Primero, ocho miembros de esta institución fueron destituidos por vínculos con alias “Marquitos Figueroa”.
Luego 16 policías fueron capturados en Cali, señalados como supuestos colaboradores de bandas delincuenciales. Después en Medellín otros 19 uniformados fueron puestos tras las rejas, por presuntos vínculos con el clan de los Úsuga.
Tras el ataque de las Farc a la isla Gorgona un agente fue privado de la libertad porque se presume que colaboró con la guerrilla en el hecho, y hace pocos días se robaron 14 armas de una estación de Policía en Bogotá.
Este tipo de hechos llevan a que la ciudadanía pierda la confianza y la credibilidad en una institución tan importante para la vida diaria del país, algo muy peligroso, porque la autoridad parte en gran medida del respeto que debe inspirar quien la ejerce, y aunque no se debe generalizar, casos como los citados en el párrafo anterior siembran muchas dudas sobre la forma en la que la Policía selecciona su personal y sobre los controles internos para evitar que quienes deben defender a los ciudadanos terminen aliados con los delincuentes.
¿Qué hacer? Se trata de una tarea compleja, pues no es un problema exclusivo de la Policía. Como sociedad tenemos un problema estructural de valores, y lo que está pasando en esta institución es síntoma y reflejo de lo arraigada que continúa la cultura de la ilegalidad en nuestro país.
En ese contexto, es necesario que la Policía, que es la llamada a garantizar los derechos de los ciudadanos y el cumplimiento de la ley, se depure, que se endurezcan las sanciones para quienes delincan desde la institución y que se garantice que a sus filas se llegue sólo por vocación y no como última opción de quienes no pueden ubicarse laboralmente.