Si Colombia fuera una dictadura Santrich ya estaría en un calabozo
La solidez de la democracia
Lo ocurrido en los últimos días ha puesto a prueba la institucionalidad nacional.
Los hechos de la última semana confirman a Colombia como un sistema democrático sólido, en el que el contrapeso de los poderes, pese a sus defectos, sigue funcionando.
El caso de alias “Jesús Santrich” y el hundimiento de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP así lo confirman.
Aunque para la Fiscalía General de la Nación, el Presidente de la República y el grueso de la opinión ciudadana, las pruebas que involucran al exguerrillero en actividades de narcotráfico son concluyentes y, por lo tanto, debería ser extraditario a Estados Unidos, diferentes instancias del poder judicial tomaron decisiones que favorecen al exnegociador de las Farc y que, pese a lo cuestionables, han sido respetadas por el Gobierno Nacional. Cada institución está cumpliendo su función.
Si Colombia fuera una dictadura, como en acalorados debates se le escucha decir de cuando en cuando a voceros de la oposición, “Santrich” ya estaría en un calabozo en Nueva York, una decisión que seguramente tendría el aval de las mayorías ciudadanas, aunque la JEP, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia dijeran lo que dijeran.
Ahora bien, “Santrich” no ha sido absuelto por ninguna autoridad, las decisiones judiciales que lo han favorecido se basan en razones de forma, no de fondo, y, por lo tanto, las autoridades deben insistir en que, a través de los conductos regulares, se avance con celeridad para definir de una vez por todas este caso.
En cuanto a las objeciones a la JEP, finalmente hundidas por la Corte Constitucional, el camino es el mismo, de acuerdo o en desacuerdo, se debe acatar la decisión del tribunal, pero igualmente el Gobierno podrá insistir en reformas a esta jurisdicción por las vías que la Constitución le permita.