La eliminación de la violencia contra la mujer es un imperativo moral y social. No podremos ser una civilización avanzada mientras no erradiquemos este flagelo.
La violencia contra la mujer, asunto de todos
Hace poco se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y bien vale la pena reflexionar sobre las estadísticas crudas que reflejan una verdad inquietante en nuestra ciudad, pues Cali, como casi toda Colombia, enfrenta una realidad desgarradora en materia de violencia de género.
Nueve vidas perdidas en lo que va del año: nueve nombres, nueve historias truncadas por el flagelo del feminicidio. Estas no son solo cifras, son mujeres que han sido arrebatadas brutalmente.
Casa Matria ha atendido a más de quinientas víctimas de violencia basada en género. Entre ellas, 175 fueron identificadas en un riesgo inminente de enfrentar un destino fatal, y 36 buscaron refugio en hogares de acogida.
El machismo, ese monstruo silencioso, persiste en cada rincón de nuestras interacciones sociales. A menudo disfrazado de tradición o cultura, marca relaciones y actitudes cotidianas, perpetuando la idea errónea de la superioridad masculina.
Nos enfrentamos a una sociedad que, de una forma u otra, justifica la violencia contra las mujeres como problemas “normales” en las dinámicas de pareja.
Es hora de desmantelar estos mitos arraigados y desafiar la normalización de la violencia, reconociendo que no hay justificación para el abuso y el control.
No podemos ser espectadores pasivos en esta lucha. Todos, sin excepción, debemos ser agentes activos de cambio. La erradicación de este flagelo no es responsabilidad exclusiva de unas pocas instituciones o grupos; es un compromiso colectivo que demanda la participación activa de cada individuo.
Desde el hogar hasta la esfera pública, debemos educar, sensibilizar y promover el respeto y la igualdad de género. Debemos fomentar entornos seguros donde las mujeres no se sientan acosadas ni temerosas al transitar por las calles de nuestra amada Cali.