Es hora de exigir ajustes que arrojen resultados
Los ecos de la bomba
El país no sale de la consternación del atentado con carro bomba a las instalaciones de la escuela de cadetes de la Policía General Santander que dejó 10 muertos y 87 heridos.
La reflexión sobre este hecho debe ser profunda y las reacciones contundentes. Ayer los analistas se concentraron en examinar la capacidad de planeación que tuvieron los perpetradores y en especular sobre los autores intelectuales.
Igualmente, hubo un capítulo aparte sobre la posibilidad de que se trate de un acto suicida, algo sin antecedentes en nuestro país. Las autoridades enfocaron sus mensajes a expresar su respaldo a la entidad.
No cabe la menor duda de que los colombianos debemos rodear a la policía nacional, acompañarla en su duelo y expresar la solidaridad con las familias de las víctimas.
El atentado es totalmente condenable. Sin embargo, también hay que preguntarse cómo resulta posible que un carro bomba pueda ingresar a las instalaciones de la entidad. Sin duda, el atentado refleja fallas gravísimas de inteligencia.
Ante este hecho, sí ni siquiera la policía puede cuidar sus propias dependencias, ¿Cuál es el nivel de vulnerabilidad de todos los colombianos? Este atentado es un nuevo llamado de atención sobre la verdadera situación de seguridad del país y sobre el papel que hoy juega la fuerza pública.
Las alertas tempranas se prendieron en las regiones pero, como la periferia no cuenta en este país, no se tomaron medidas serias.
Incluso el defensor del pueblo dice haber anunciado el riesgo ¿Vamos a seguir subestimando el poder de las bandas criminales, los grupos residuales, de disidentes o como quiera que los llamemos?, ¿Se va a seguir defendiendo la tesis de que en Colombia todo va bien? ó vamos a tomar en encarar los problemas de seguridad y a actuar con seriedad.
Este atentado confirma que todo está fallando: la inteligencia, la disuasión y la prevención. Es hora de exigir ajustes que arrojen resultados.