Las críticas a los funcionarios públicos que usan recursos del Estado para asuntos personales son totalmente válidas.
Más allá de Francia y el helicóptero
Fuertes críticas recibió en su momento el expresidente Juan Manuel Santos cuando, siendo ministro de Defensa, utilizó un helicóptero de las Fuerzas Militares para transportar a uno de sus hijos, acompañado de amigos, desde Girardot hasta Bogotá.
Lo mismo ocurrió cuando el avión presidencial fue usado para trasladar a los hijos del entonces presidente Iván Duque, con amigos a bordo, desde Bogotá hasta Panaca. Muchos años atrás se vivió un episodio similar cuando César Gaviria, siendo presidente de la República, envió el avión presidencial hasta Valledupar para trasladar un conjunto vallenato hasta Bogotá para celebrar el cumpleaños de su esposa.
En esos episodios la opinión pública cuestionó con razón a los dignatarios del Estado por el claro abuso de los recursos públicos, al utilizar aeronaves oficiales para asuntos personales.
En ese contexto, se equivoca el presidente Gustavo Petro cuando califica como “racistas” las críticas que ha recibido la vicepresidenta Francia Márquez por utilizar un helicóptero militar para entrar y salir de su casa en Dapa.
Los funcionarios públicos, especialmente quienes están en los más altos cargos del Estado, deben dar ejemplo de responsabilidad en el uso de todo lo que se paga con los impuestos de los colombianos.
En ese sentido, los cuestionamientos a la vicepresidenta son válidos y ella está obligada, como lo hizo, a dar explicaciones a los colombianos, y también a corregir.
Un gobierno que enarboló en campaña las banderas del cambio no puede replicar las conductas que tanto criticó en campaña.
Pero más allá del caso puntual, bien valdría la pena que el Estado colombiano eliminara los costosos privilegios que se pagan para los altos funcionarios de los tres poderes públicos, que serían mucho más útiles destinados a cubrir las muchas necesidades que hay en el país.