Minas antipersona: dolor y vergüenza
Un verdadero gesto de paz de las Farc sería renunciar al uso de estos artefactos, que tanto afectan a los campesinos colombianos.
En lo corrido de este año 71 colombianos han sido víctimas de minas antipersona, entre ellos 17 civiles. Del total de compatriotas que cayeron en estas trampas, instaladas por la guerrilla, 49 murieron.
El Valle del Cauca no ha sido ajeno a esta práctica criminal, en la última década por lo menos 316 personas han sido víctimas de estas minas en el Departamento.
En muestra de solidaridad con quienes han muerto o han sufrido mutilaciones y viven con secuelas irreversibles después de haber pisado una de estas minas, esta semana se realizó una campaña que invitaba a los ciudadanos a remangarse el pantalón como muestra de rechazo a esta práctica; sin embargo, pese a esta loable campaña, que se ha hecho en varias ocasiones, quienes han sembrado estas armas en los campos colombianos siguen recurriendo a ellas.
En nuestro país, que después de Afganistán, es el segundo con más víctimas de estas minas, el año anterior 512 personas cayeron en ellas, una cifra de vergüenza, que refleja el nivel de degradación del conflicto armado colombiano y la indolencia de los grupos armados ilegales, a los cuales no les importa el daño que causan a la población civil.
Como coincidencia fatal, el jueves pasado, cuando se conmemoraba el día mundial contra las minas antipersona, en Miranda, Cauca, un civil murió y tres más resultaron heridos cuando un tatuco, otra arma no convencional utilizada por las Farc, cayó en su casa.
Todo esto ocurre mientras en La Habana, Cuba, los voceros de la guerrilla hablan de paz con delegados del Gobierno colombiano, sin referirse al tema de las minas. Un gesto del grupo armado ilegal que podría darle credibilidad a los diálogos sería el compromiso de no volver a sembrar minas antipersona, entregar información sobre ubicación de las ya instaladas para retirarlas y la indemnización de las víctimas civiles.