Motos, multas y sicariato
Reducir el problema de inseguridad de Cali al tema de los parrilleros es miope.
Ante los casos de sicariato registrados en las últimas semanas en Cali en los que los asesinos han huido a bordo de motocicletas, como parrilleros, la Policía Metropolitana solicitó a la administración municipal endurecer las multas para los motociclistas que lleven un hombre como pasajero.
La propuesta ha despertado muchas reacciones, entre ellas las de quienes consideran que el problema de los homicidios en la ciudad no se soluciona endureciendo las multas para los motociclistas y que este tipo de planteamientos alimentan la estigmatización de la población que se moviliza en este tipo de vehículos.
Es un tema complicado, según cifras oficiales, en Cali circulan a diario 409 mil motos, muchas de las cuales prestan el servicio de transporte informal (los llamados motorratones) en los puntos de la ciudad en los que el transporte masivo opera deficientemente o no llega, en esos sectores es común ver parrilleros hombres, pese a la prohibición, que no son sicarios sino ciudadanos sin otra alternativa para salir hacia sus sitios de trabajo o estudio y regresar a sus viviendas.
Ahora bien, si la prohibición de parrillero hombre existe, ¿por qué no se cumple? Tal vez no sea necesario aumentar las multas, sino, simplemente aplicar los controles para que la restricción se cumpla.
Sin embargo, al ver las cifras de homicidos en la ciudad, que el año pasado llegó 1.530 casos, es inavitable preguntarse si la restricción del parrillero hombre ha servido para frenar este flagelo. Las estadísticas inducen a creer que no.
El problema de seguridad de Cali es estructural y, por lo tanto, debe abordarse también de manera estructural, reducirlo al tema de las motos es deviar el camino en la búsqueda de una solución.