La violencia, la destrucción y el crimen no pueden validarse como protesta.
Ningún cerco humanitario, hubo secuestro y asesinato
Lo ocurrido en San Vicente del Caguán, donde la guardia indígena y campesina secuestró a casi 80 policías del Esmad y asesinó a uno de ellos es muy grave, pero más grave aún es que el gobierno nacional, mediante eufemismos, pretenda justificar o, por lo menos, atenuar la gravedad de lo ocurrido.
Por eso causó tanta indignación que el ministro del Interior, Alfonso Prada, llamara “cerco humanitario” a la manera cruel y violenta como fueron tratados los miembros de la fuerza pública.
El gobierno no sólo tardó en reaccionar ante lo que estaba ocurriendo, sino que, al llegar a la zona, trató de disfrazar con términos rebuscados lo que debió condenar desde el primer momento.
Prada, además de darle connotación de “cerco humanitario” al secuestro de los policías, pidió que no se estigmatizara la protesta social. ¿Acaso pretende el ministro validar como protesta la retención de uniformados, agredir a los mismos y hasta asesinarlos?
Las cosas hay que llamarlas por nombre propio, y así el gobierno del presidente Gustavo Petro pretenda mostrar como víctimas a los victimarios, las autoridades judiciales y los organismos de control deben tomar cartas en el asunto y aplicar las sanciones que considere la ley tanto para los responsables del asesinato de un miembro del Esmad como para los secuestradores y agresores de sus compañeros, así como para los funcionarios que, como los ministros del Interior y de Defensa, no actuaron oportunamente para evitar lo ocurrido.
Además de la gravedad de lo ocurrido, preocupa que la actitud del gobierno siga estimulando las vías de hecho y estos “cercos de violencia”, como deberían llamarse este tipo de acciones, se multipliquen a lo largo y ancho del país.