Las autoridades deben hacer un mayor esfuerzo para evitar que los vándalos generen caos en Cali cada vez que haya jornadas de protesta.
No más tolerancia al vandalismo
A lo ocurrido en Cali en la noche del pasado martes, 28 de septiembre, cuando un puñado de vándalos lanzó bombas incendiarias contra el CAI de Puerto Rellena, no se le puede restar importancia, pues si bien el hecho no pasó a mayores, no se puede caer en el error de justificar la conducta de quienes pretenden “institucionalizar” que las jornadas de protesta terminen con hechos violentos.
Si bien la marcha realizada en la mañana transcurrió sin alteraciones del orden público, al caer la tarde la ciudad volvió a la zozobra de los disturbios, algo que la mayoría de los caleños claramente no está dispuesta a aceptar, debido a la dimensión que tomaron este tipo de hechos entre abril y junio pasados, cuando las revueltas y los bloqueos convirtieron la ciudad en un campo de batalla.
No puede ser que las marchas se conviertan en el preludio de jornadas de vandalismo y violencia, en ese sentido, es necesario que las autoridades hagan un mayor esfuerzo en materia de inteligencia y prevención, pues, además de evitar que los vándalos destrocen y siembren caos, es necesario que se le ponga fin a ese errado imaginario que ha hecho carrera entre quienes están convencidos de que en esta ciudad tienen licencia para cometer este tipo de acciones.
Es claro que quienes insisten en el vandalismo y la violencia son actores distintos, pues los jóvenes de la denominada unidad de resistencias de Cali están hoy en otros temas, dedicados a procesos sociales liderados por la empresa privada, el sector fundacional y la administración local. Las autoridades deben actuar con contundencia contra quienes insisten en las vías de hecho, Cali no puede convertirse en una ciudad que justifica y tolera el vandalismo.