La reiterativa convocatoria a movilizaciones les resta fuerza y sólo sirve para alimentar un clima de tensión
Otra vez marchas
Para hoy fue convocada una nueva jornada de movilizaciones en varias ciudades de Colombia por parte del comité nacional del paro. A raíz del impacto sanitario y de orden público que tuvieron las marchas de abril, mayo y junio, en los centros urbanos en los que se realizarán las protestas hay preocupación y se han hecho llamados a que sean pacíficas y se acaten los protocolos de bioseguridad para evitar focos de contagio del covid-19.
Más allá de ello y reconociendo el derecho a la protesta, preocupa que Colombia cayó en un abuso de la figura de las marchas que le hace daño a la protesta ciudadana, pues lo reiterativo de las movilizaciones termina por convertirlas en parte del paisaje, les quita participación y, por lo tanto, fuerza.
No se trata de restarle importancia a la inconformidad ciudadana, pero el comité nacional del paro debería evaluar los efectos de sus frecuentes convocatorias en la percepción de los colombianos y en el clima de pesimismo que de allí se deriva.
No se puede desconocer que, a partir del estallido social del segundo trimestre de este año, el Gobierno Nacional y varias administraciones departamentales y locales asumieron compromisos, varios de los cuales ya se están implementando, y que, además, los sectores privado y fundacional se volcaron hacia las comunidades y redoblaron su gestión social.
Si bien hay que exigir el cumplimiento de lo pactado y es válido pedir celeridad, es necesario tener presente que problemas tan complejos como los que tiene Colombia no se solucionan ni en dos ni en tres meses, menos cuando están mediados por asuntos presupuestales.
Ojalá la jornada de hoy transcurra en calma y la veeduría a los compromisos se pueda realizar en adelante sin alimentar tensiones innecesarias.