¿Otro sacrificio por la paz?

lunes 24 de marzo, 2014

Cuando un gobierno adelanta un proceso de diálogo con un grupo armado ilegal bajo el esquema de negociación bajo la guerra, tal y como ocurre entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc, las acciones de lado y lado continúan, las Fuerzas Militares y la Policía no cesan su persecución a los subversivos, y a su vez los alzados en armas continúan su ofensiva, ese es uno de los “sapos” que se han tenido que tragar los colombianos por cuenta de las conversaciones que se realizan en La Habana.

Sin embargo, aunque esté claro que no hay cese al fuego, en estos procesos se esperan muestras de buena voluntad de parte del grupo ilegal al que el establecimiento le da la oportunidad de negociar, como la renuncia al terrorismo y a delitos de lesa humanidad, pero en lo que al caso colombiano respecta, las Farc no lo han hecho, y el Gobierno Nacional ha sido más que tolerante, permisivo, al continuar con el proceso pese a la insistencia guerrillera en métodos bárbaros.

El caso que rebosó la copa, después de los atentados terroristas en el departamento del Cauca, fue la tortura y ejecución con tiros de gracia de dos policías en Nariño. Sería doloroso, pero comprensible dentro de la lógica del esquema de negociación en medio del conflicto, la baja de miembros de la Fuerza Pública en combate, pero el sometimiento a suplicios premeditados y la ejecución a quemarropa dista mucho del proceder de una guerrilla que debería dar muestras de buena voluntad para generar confianza en un país que poco cree en un proceso de paz que ha tenido todo menos señales claras de renuncia a la violencia. A esto hay que agregar el secuestro de cinco civiles en el Meta, atribuido también al mismo grupo ilegal.

¿Cuánto más soportará el Gobierno Nacional? ¿Qué otras fechorías de las Farc admitirá el Estado con el manido cuento de que son sacrificios que se deben hacer por la paz?

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