¿Para dónde va la plata de Isagén?

jueves 21 de enero, 2016

Lo importante ahora es que los recursos de este negocio se inviertan bien y no sean convertidos en “mermelada”.

En Colombia los debates suelen darse de manera equivocada; algo así ocurrió con la venta de Isagén: la clase política casi que en general se opuso a la transacción simplemente porque la empresa, cuyo 57% fue vendido a una multinacional canadiense en $6,48 billones, pasaría a manos de privados.

Aunque públicamente digan otra cosa, la mayor motivación que tienen los políticos para insistir en que las empresas públicas se mantengan como públicas es la posibilidad de tener su control para acceder a burocracia y contratación.

Los ejemplos de que el Estado colombiano es un pésimo administrador y un pésimo prestador de servicios abundan, así como abundan los casos que muestran la eficiencia de los privados.

No hay que temerle a las privatizaciones, por el contrario, deberían promoverse, y el Estado encargarse de regular los servicios que presten los privados para garantizar las mejores condiciones posibles para los usuarios.

El debate en torno a la venta de Isagén no debió ser la privatización, sino la destinación que el Gobierno Nacional le dará a los recursos obtenidos por esta transacción.

Convertir un activo productivo en gasto sería un error, pero invertirlo en algo que genere competividad puede ser un gran negocio.

En ese sentido, si los recursos derivados de la venta de Isagén se vuelven “mermelada” y terminan en los bolsillos de altos funcionarios del Gobierno, contratistas y congresistas, se podrá concluir que se hizo un mal negocio, pero, si, como se ha dicho, se invierten en infraestructura para generar competividad y desarrollo, los réditos para el país serán incalculables.

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