Pólvora y responsabilidad
A estas alturas resulta injustificable que haya adultos que manipulen pólvora y que permitan que sus hijos lo hagan.
La gran cantidad de detonaciones que se escucharon en la noche de las velitas indica que petacas, voladores, totes, papeletas y demás de estos elementos están circulando en grandes cantidades, pese a la prohibición de su venta.
Los 23 quemados que hasta ayer se habían registrado en el Valle del Cauca en esta temporada decembrina confirman que la pólvora sigue circulando y que muchos ciudadanos siguen sin dimensionar el grave peligro que representa su manipulación.
Si bien tras cada uno de los casos de quemados con pólvora hay deficiencia en el control que deben ejercer las autoridades para evitar la comercialización de estos peligrosos elementos, la responsabilidad mayor recae sobre los adultos que la compran y manipulan y, lo que es peor, permiten que sus hijos lo hagan, exponiéndolos a riesgos como quedar ciegos, sufrir amputaciones y desfiguraciones, y hasta morir.
La pólvora es tan peligrosa que no es necesario que detone para que haga daño, pues además de las emergencias por quemaduras, en hospitales y clínicas se atienden casos por intoxicación producto de su manipulación.
Lo incomprensible es cómo, pese a la reiteración de las autoridades y los medios de comunicación sobre los peligros de la pólvora, hay ciudadanos a quienes el mensaje les entra por un oído y les sale por el otro.
Si bien es cierto que en todo este proceso media un factor cultural que ha ligado por años el uso de explosivos luminosos y detonantes a la celebración, a estas alturas de la historia resulta injustificable su utilización, salvo en aquellos eventos en los que se hace de manera controlada, en manos de expertos y con todas las medidas de seguridad para evitar hechos que lamentar.