La indignación social que se despierta cada vez que un delincuente queda libre es comprensible, el tema amerita una revisión profunda
¿Por qué tantos delincuentes quedan libres?
La polémica por la liberación de un grupo de hinchas agresores en Cali es un reflejo del galimatías en el que se ha convertido la aplicación de la justicia en Colombia, ya sea por errores de procedimiento, por vacíos legales o por normas que no se ajustan a la realidad de un país acosado por la violencia y el crimen en general.
Claramente una persona que agrede a otra por una camiseta de un equipo de fútbol, representa un peligro para la sociedad, más si porta armas, como en el caso en cuestión.
Pero este vergonzoso episodio no es un caso aislado, sino el común denominador de la fallida lucha que las autoridades libran en las calles.
Las noticias de delincuentes capturados que, pese a las evidentes pruebas en su contra, quedan libres a las pocas horas son pan de casa día en nuestro país.
Lo peor es que, en la mayoría de los casos, las decisiones judiciales están basadas en lo que dicen las normas, lo que indica que se requiere con urgencia una revisión profunda de la legislación en esta materia para ajustarla y hacerla realmente funcional.
Lo preocupante del tema es que el gobierno del presidente Gustavo Petro, a través del ministro de Justicia, Néstor Osuna, plantea una reforma penal que va en contravía de lo que el país necesita y que, además de eliminar delitos, buscará reemplazar la privación de libertad por penas alternativas que evitarían que delincuentes que son un peligro para la sociedad estén tras las rejas.
Si bien es cierto que el Estado debe apostarle a la resocialización de los delincuentes, debe priorizar la protección de la sociedad y sin promover la impunidad, porque una justicia débil se convierte en un estímulo de la criminalidad.