Algún problema patológico debe tener una sociedad en la que hasta lo más mínimo es factor de confrontación
¿Por qué todo nos divide?
La tendencia de los colombianos a dividirse por todo y para todo se ha acrecentado. En Cali es cada vez más frecuente y notorio que hasta el más simple de los hechos se convierta en el punto de partida de una nueva confrontación ciudadana; la nuestra es una sociedad que cae con facilidad en el torpe juego de dividirse entre “buenos” y “malos” por su incapacidad para reconocer y respetar la diferencia, principio básico de la convivencia pacífica.
Desde el fútbol hasta la filiación política, desde la discusión sobre la suerte de una estatua hasta el nivel socioeconómico, todo es factor de división y confrontación entre dos bandos que no sólo pretenden desconocer a quien piensa diferente, sino también imponer su visión, aunque ello implique recurrir a la violencia verbal, sicológica o física.
Ante este problema, que refleja una patología social, es necesario que cada ciudadano comprenda el peligro de que la diferencia se siga considerando amenaza, reevalúe la forma en la que asume los debates públicos y se pregunte si su actitud y sus expresiones contribuyen a alimentar ese clima de tensión permanente que hace que cualquier situación inesperada se convierta en un detonante de violencia.
Mucho tienen que ver los dirigentes políticos en este fenómeno, pues fácilmente fungen como agitadores para obtener réditos electorales, olvidando que su responsabilidad, por el contrario, es promover la construcción de una sociedad que valore y respete la diferencia y sea capaz de encontrar puntos de unidad en el disenso.
Hay que hacer el esfuerzo de entender al otro, pues cuando esto se logra, se acaba la descalificación y desaparecen las prevenciones y los prejuicios. Si usted llegó hasta este punto de este texto, lo invitamos a preguntarse qué está haciendo por la convivencia pacífica.