¿Qué está pasando?
En la época en la que los carteles de la droga estaban en apogeo, las noticias sobre crímenes horrendos copaban la agenda informativa. En el último mes parece que Cali y el Valle hubieran regresado a esas épocas, pues los reportes judiciales dan cuenta de hechos atroces, como el de la joven 1de 6 años de edad que apareció decapitada en el río La Vieja, en Cartago; la pareja que fue asesinada a tiros de fusil en el sur de Cali o los cuerpos desmembrados encontrados en la vía a Buenaventura y en la doble calzada a Palmira.
Las hipótesis apuntan a disputas entre estructuras criminales por el control de negocios ilícitos, especialmente el de las drogas. ¿Cómo parar esto? ¿Cómo evitar que el departamento y la ciudad sean nuevamente los escenarios de hechos que crean un ambiente de zozobra permanente?
La respuesta tal vez no la tengan ni las mismas autoridades, pues el problema actual es aún más complejo que el de los años 90, ahora la disputa no es entre carteles, sino entre pequeños grupos que pelean no solo por las rutas de envío de droga, sino también por control de zonas urbanas de micro tráfico.
Este fenómeno no puede ser visto como un problema de Cali y el Valle, es un fenómeno de reacomodo nacional en el que la ciudad y el departamento, por su ubicación estratégica entre las zonas de cultivo y producción y las rutas de envío, se llevan la peor parte; por lo tanto, la Nación debe intevenir.
Bastante tiene Cali con el reto de enfrentar a la delincuencia común en el día a día, tema en el que las autoridades locales no se dan abasto, como para lidiar sola ahora con semejante problema.