¿Qué hacer con los menores infractores?
Ante el desbordado problema en el que se han convertido los menores infractores, las autoridades no saben qué hacer con tanto niño y adolescente delincuente. En el Valle del Cauca, donde el asunto es crítico, el Instituto colombiano de bienestar familiar, Icbf, consiguió los recursos necesarios para construir un nuevo centro de reclusión, ante el hacinamiento que se registra en los existentes, pero el proyecto no se ha podido concretar por la resistencia de los vecinos de los predios propuestos, quienes temen tener cerca a estos jóvenes problemáticos.
Se trata de una dificultad creciente: hace cuatro años en el Valle se contaba con una capacidad para recluir 150 menores infractores, hoy se tienen 670 cupos que son insuficientes, y se dice que se requieren otros 500, pues a diario son aprehendidos entre 10 y 20 jóvenes delincuentes.
Si bien es necesario ampliar la capacidad de reclusión, si no se hace algo para romper la tendencia creciente de menores infractores, no habrá capacidad de respuesta que sirva frente a este fenómeno, por eso se requiere con urgencia un trabajo serio y sostenido para sacar de la delincuencia a los menores que han caído en ella, pero, sobre todo, para evitar que más niños y adolescentes sigan entrando a la espiral de la violencia.
No invertir en un trabajo de prevención para evitar que los menores de edad tomen mal camino es mucho más costoso en términos de violencia e inseguridad, y también de manutención; sin embargo falta voluntad política en todos los niveles del Estado para brindarles oportunidades de educación, recreación y capacitación a los jóvenes de los sectores de escasos recursos, que son los más vulne-rables a entrar en el mundo del delito.