A pocas horas de la segunda vuelta presidencial, Colombia enfrenta un clima de tensión inédito alimentado desde la propia Presidencia de la República

¿Van a incendiar el país?

Foto: Ilustración IA
jueves 18 de junio, 2026

La incertidumbre que vive Colombia a pocas horas de la segunda vuelta presidencial no tiene antecedentes.

Las elecciones siempre generan expectativas, tensiones y debates apasionados, pero lo que hace excepcional el momento actual es que buena parte de la desconfianza y la preocupación provienen del propio presidente de la República, Gustavo Petro.

Que un jefe de Estado sugiera que podría irse a las calles si el resultado electoral no favorece al candidato de su partido constituye un mensaje profundamente inconveniente para la democracia.

El papel de un presidente no es preparar el terreno para cuestionar un resultado adverso, sino garantizar que todos los ciudadanos confíen en las instituciones y respeten la decisión de las urnas.

Las consecuencias de ese discurso ya se sienten. Antes de la primera vuelta, especialmente en ciudades como Cali, muchas personas manifestaron temor frente a posibles reacciones violentas si el resultado no favorecía al proyecto político del Gobierno.

No se trató de una percepción aislada. Fue una preocupación ampliamente comentada por ciudadanos que aún recuerdan las consecuencias del estallido social de 2021 y los meses de bloqueos, vandalismo y parálisis que sufrió la ciudad.

Ahora, cuando se acerca la segunda vuelta, la tensión parece haber aumentado. Más aún cuando dirigentes cercanos al presidente, como Gustavo Bolívar y Carlos Carrillo, han realizado declaraciones que numerosos sectores interpretan como advertencias sobre posibles escenarios de agitación social si Iván Cepeda no resulta elegido presidente.

Lo mínimo que esperaría el país es una desautorización clara y contundente de ese tipo de mensajes por parte del mandatario. Sin embargo, esta no ha llegado.

La situación se vuelve aún más delicada cuando el propio presidente continúa protagonizando actos públicos en ciudades estratégicas electoralmente como Cali y Medellín, en actividades que muchos interpretan como eventos de campaña encubiertos en favor del candidato oficialista.

Por eso resulta tan importante el llamado que en las últimas horas hicieron 53 organizaciones de la sociedad civil para respetar los resultados de la segunda vuelta presidencial.

Defender el sistema electoral colombiano es defender la democracia misma. Y lo cierto es que la primera vuelta dejó plenamente demostrado que las elecciones fueron transparentes, que los mecanismos de control funcionaron y que las misiones de observación nacional e internacional validaron el proceso.

Lo que Colombia necesita en este momento no son más sospechas, ni más amenazas veladas, ni más mensajes que alimenten la confrontación.

Lo que necesita es liderazgo institucional, serenidad y compromiso democrático.

Una lástima que, en lugar de contribuir a generar tranquilidad, sea precisamente el presidente de la República quien hoy aparezca como uno de los principales responsables del clima de incertidumbre que rodea esta elección.

Si algo debe quedar claro el próximo domingo es que los resultados, sean cuales sean, deben respetarse. Esa es la esencia de la democracia.


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