Las declaraciones estimulan los odios que el país trata de superar
Se equivoca el arzobispo
No es gratuito que El Vaticano, a través de la Nunciatura Apostólica, haya desautorizado las declaraciones del arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, quien afirmó que el Gobierno de Colombia adelanta “una venganza genocida para desmembrar completamente la sociedad”, pues las declaraciones del prelado son absolutamente irresponsables.
Como colombiano, Monsalve puede opinar sobre el acontecer nacional, es su derecho, pero como representante de una religión, está llamado a hacerlo con la mayor responsabilidad posible. No se trata, entonces, de reclamarle que critique al Gobierno, sino de reprocharle la forma, pues claramente al hablar de genocidio, no sólo está faltando a la verdad, sino que está sembrando odio y alimentando resentimientos que este país trata de superar.
El representante de una institución que predica la reconciliación no puede tener un discurso incendiario, mucho menos en un país como el nuestro, lleno de tensiones y con un historial de violencia política que se puede reavivar con mensajes como el del arzobispo.
No se puede defender la paz echándole leña al fuego, es completamente contradictorio.
La coyuntura que vive el país por cuenta de la pandemia del covid-19 demanda la unión de los colombianos. Para superar la crisis sanitaria, económica y social ocasionada por el virus es necesario enfocarse en los factores que unen al pueblo; lo contrario, estimular la diferencia y la confrontación a partir de interpretaciones que no corresponden a la verdad, sólo sirve para asentuar la división entre “buenos” y “malos” y dificultar el proceso de recuperación para salir de esta crisis.
Colombia necesita liderazgos positivos, liderazgos que estimulen la unión, el respeto y la reconciliación.