La reparación de la red semafórica le costó a la ciudad más de $4.000 millones
Semáforos: la huella del paro
La destrucción de la red semafórica y su recuperación invitan a hacer una reflexión de ciudad.
Esta semana la Alcaldía de Cali culminó la reparación de la red semafórica de la ciudad, que se vio gravemente afectada por los desmanes que se presentaron durante el paro nacional, en abril y mayo del año pasado. Tomó once meses reparar 155 intersecciones, muchas de las cuales fueron vandalizadas y otras destruidas, lapso en el que los caleños padecieron el caos ocasionado por la falta de los dispositivos que regulan los cruces viales.
Más allá de tener que soportar trancones y, además, de correr riesgos al pasar, tanto peatones como conductores, intersecciones de vías rápidas que se quedaron sin semáforos, la destrucción de estos elementos de movilidad tuvo un impacto invisible profundo en los caleños, primero, porque propició el desorden y, por lo tanto, produjo la visión de una ciudad caótica y, segundo, porque estimuló el mal comportamiento en las vías, un mal que la ciudad ya tenía, pero que evidentemente aumentó.
Como si lo anterior fuera poco, la reparación de la red semafórica le costó a la ciudad más de $4.000 millones, recursos que perfectamente podrían haber sido destinados para atender alguna de las tantas necesidades que tiene Cali.
Esta semana, el 28 de abril, se cumplirá un año del inicio del paro, y bien vale la pena reflexionar en torno al grave daño que se le ocasionó a la ciudad y a todos quienes habitan en ella. Lo ocurrido debe servir como referente de algo que no puede repetirse, no porque no pueda haber protestas en Cali, pues desde que sean pacíficas deben garantizarse, sino porque, bajo ninguna circunstancia, se puede promover ni aceptar la destrucción como un mecanismo válido para manifestar la inconformidad.