Sustitución integral
La erradicación de cultivos ilícitos se ha reducido a arrancar plantas.
Mientras la lucha contra los cultivos ilícitos no se aborde de manera integral, Colombia no podrá superar este fenómeno y los problemas que de allí se desprenden.
Quiere decir lo anterior que mientras no se les brinden alternativas rentables a los campesinos que siembran coca, así les arranquen sus cultivos a la fuerza o hayan renunciado a ellos de manera voluntaria, más temprano que tarde volverán a sembrarla.
Sin justificarlos, hay que entender que los cultivadores de coca, marihuana y amapola no son los causantes del problema, por el contrario, también son víctimas, víctimas del Estado, que los abandonó a su suerte, y de las organizaciones dedicadas al narcotráfico (llámense guerrilla o bacrim), que los utilizan para obtener la materia prima para su negocio. ¿Cuántos campesinos se dedican a los cultivos ilícitos por gusto? ¿Cuántos lo hacen porque son obligados por los grupos armados? ¿Y cuántos lo hacen porque no tienen otra alternativa?
El tema, entonces, no es solo sustituir el cultivo ilícito, sino garantizar que el nuevo cultivo legal al que se dedicará el campesino tendrá una cadena productiva que lo hará rentable y le permitirá una vida digna. No es gratuito que sean las zonas periféricas abandonadas las que están llenas de coca, es que hacer rentable un cultivo legal en esos apartados parajes, donde ni siquiera hay vías para sacar una producción perecedera, es prácticamente imposible. Y como el Estado no hace presencia, los únicos interlocutores que tienen los campesinos son los actores ilegales.
Colombia perdió mucha institucionalidad en torno al campo, la Caja Agraria y el Idema jugaban papeles claves que tras su desaparición no fueron reemplazados. Si ahora se va a trabajar la sustitución de cultivos en serio, es necesario contar con entidades que le den la mano con crédito, asesoría y acompañamiento a los campesinos. Si no se fortalece el campo, se fracasará en el intento.