Tumaco, sin Dios y sin ley

martes 10 de octubre, 2017

No podemos acordarnos de Tumaco solo cuando hay muertos.

Las versiones sobre lo que ocurrió en Tumaco el jueves de la semana pasada siguen siendo confusas. Ni siquiera el número de víctimas fatales es claro, unas versiones hablan de cinco y otras de hasta ocho muertos. Y así como no está claro cuántos campesiones perdieron la vida, tampoco está claro quien abrió fuego contra estas personas, que participaban en una protesta contra la erradicación de cultivos ilícitos.

La versión inicial, difundida por el Ejército, habló de un ataque con cilindros bomba perpetrado por disidentes de las Farc, pero las versiones posteriores apuntan hacia la Policía. Hasta el momento en el lugar de los hechos no se han hallado restos de armas no convencionales y, según el resporte de Medicina Legal, los cuerpos a los que se les practicó la necropsia, recibieron tiros de fusil.

Además de este violento ataque, que debe ser condenado venga de quien venga, lo ocurrido evidencia la crítica situación que se vive en Tumaco. Además de las disidencias de las Farc, del Clan del Golfo y del ELN, en este municipio nariñense operan al menos otras ocho organizaciones criminales que se disputan el control territorial, pues además de estar plagado de cultivos ilícitos, su puerto es clave para el envío de cocaína al exterior.

En Tumaco reina la ilegalidad, pues estas organizaciones además del narcotráfico se dedican a la extorsión, y para que la situación haya llegado a ese nivel, es porque la inoperancia de las autoridades, por incapacidad o por complicidad, ha sido una constante.

Por eso no se puede descartar ninguna hipótesis y es necesario que esta vez sí se haga un esfuerzo por llegar a la verdad. Ya las autoridades anunciaron una investigación exhaustiva, y eso es preocupante, porque cuando en Colombia se anuncia tal cosa, usualmente se hace todo lo contrario y el caso se queda sin resolver. Ojalá esta vez sea diferente.

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