Tal vez el cese bilateral se produjo en una etapa muy temprana
Un nuevo intento en Quito
Si el ELN persiste en acciones violentas mientras negocia, los colombianos no respaldarán ese proceso.
Retomar la agenda de negociaciones en Quito, después del rompimiento del cese bilateral por decisión del ELN, no será tarea fácil; las partes, Gobierno y guerrilla, además de construir confianza mutua, deben ganarse la confianza del país, que mira con demasiado escepticismo este proceso, sobre todo después de la arremetida de atentados perpetrados por el grupo armado ilegal en los primeros días de este año.
Tal vez el cese bilateral se produjo en una etapa muy temprana, cuando no había nada firme entre las partes. Por eso ahora, después de este monumental escollo, lo mejor que pueden hacer los delegados del Gobierno Nacional y del ELN es buscar avances tangibles. Sin embargo, tienen en contra el poco tiempo que le queda a este gobierno, menos de siete meses, lapso en el que difícilmente podrán concretar lo que no pudieron en un año de conversaciones públicas.
El ELN debe entender que los secuestros, los asesinatos, las emboscadas y los atentados contra la infraestructura petrolera, acciones violentas a las que recurre para mostrar fuerza y presionar al Gobierno Nacional, son un arma de doble filo para sus fines, pues ponen a la opinión pública en su contra. Resulta incomprensible que al tiempo que los cabecillas hablan de paz en Ecuador, la guerrilla que los obedece siembre muerte y dolor en Colombia. Mientras esta contradicción persista, será muy difícil que los colombianos confíen en este proceso.
El 7 de agosto habrá un nuevo gobierno, tal vez opuesto a esta negociación, tal vez partidario de ella. Si al ELN en verdad le interesa continuar los diálogos hasta lograr un acuerdo, tiene que dar muestras de seriedad y compromiso, solo así el próximo gobierno, sea cual sea su tendencia, le dará continuidad al proceso.