Un nuevo monstruo

lunes 5 de diciembre, 2016

¿Quién está detrás de los asesinatos selectivos en el sur del país?

Algo extraño, grave y muy peligroso está ocurriendo en Colombia sin que el grueso del país comprenda su magnitud; el tema, que es noticia recurrente, parece interesarle a muy pocos. Se trata de los asesinatos de líderes campesinos y de defensores de los Derechos Humanos ocurridos en su mayoría en Caquetá, Cauca y Nariño.

Hace un par de semanas, ante la magnitud del problema, el presidente Juan Manuel Santos ordenó a los organismos de seguridad aclarar al menos 70 casos de violencia sicarial contra líderes sociales (algunas versiones dicen que son más de cien las víctimas). Ojalá la orden presidencial no se quede, como tantas otras, en el anuncio de investigaciones exhaustivas que no resuelven nada, pues la amenaza que se cierne sobre el país podría ser del tamaño del exterminio de la Unión Patriótica o la confirmación del regreso de los paramilitares.

Coinciden estas muertes selectivas con zonas de predominancia guerrillera, especialmente de las Farc, lo que sugiere una disputa por el control de los territorios que el grupo armado ilegal dejará.

Los autores de estos crímenes podrían ser guerrilleros que no quieren dejar el mundo del crimen y pretenden quedarse con el control del narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal; también podrían ser “autodefensas” que, aprovechando el repliegue de las Farc, pretenden asumir el mando, o bandas criminales que buscan quedarse con los negocios de la subversión.

Sean unos u otros, lo que indican los asesinatos en cuestión es que el Estado se encuentra en mora de hacer presencia en estos territorios para asumir el control y evitar que disidentes de las Farc, paramilitares o bacrim se apoderen de estas zonas, pues se permitiría la consolidación de otro generador de violencia, tirando por la borda el esfuerzo hecho con el proceso de paz.

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