Una reflexión sobre el puerto
Nuevamente, el hallazgo de un cuerpo humano desmembrado en la zona de bajamar de Buenaventura horroriza al país. Aunque es el noveno descuartizado que aparece en lo corrido del año en esta ciudad vallecaucana, su gravedad es mayor que la de los anteriores casos, pues si bien todos son igual de crueles y condenables, este último fue cometido después de todas las medidas adoptadas por el Gobierno Nacional para tratar de frenar los homicidios en el puerto, en especial esta práctica demencial conocida como “pique”. ¿No funcionaron la militarización y demás disposiciones encaminadas a devolverle la seguridad a los bonaverenses?
En el Distrito, lamentablemente, la institucionalidad es superada por la ilegalidad, y es ingenuo creer que en cinco semanas se va a revertir un mal que es producto de décadas de abandono estatal.
Las medidas de seguridad adoptadas en Buenaventura han funcionado y deben mantenerse, a lo largo de esta intervención se logró que durante 22 días consecutivos no hubiera muertes violentas en el puerto. Sin embargo, como lo demostró el hallazgo de un nuevo cuerpo descuartizado, estas medidas son insuficientes, pues dificultan el accionar de los violentos, pero no lo impiden. En la ciudad porteña el delito está enquistado en toda la institucionalidad y esto, sumado a la extrema pobreza y al elevado desempleo, favorece a las bandas criminales que se disputan el control de las rutas del narcotráfico.
Por lo anterior, para que haya en verdad una solución de fondo para Buenaventura, es necesario que los discursos que, desde el Presidente de la República para abajo, se han pronunciado en estos días en la ciudad pasen del dicho al hecho, pues mientras no se erradique la corrupción del Distrito y no haya empleo digno y oportunidades para sus habitantes, no habrá intervención militar que sirva para salvar al puerto de la delincuencia.