Una reforma que deforma

lunes 1 de septiembre, 2014

Es una lástima, por decir lo menos, que el proyecto de reforma política, que el Gobierno nacional pondrá a consideración del Congreso de la República, corrija equivocaciones como la aprobación de la reelección presidencial y la creación de la Vicepresidencia de la República, y al mismo tiempo cometa errores como ampliar a seis años los períodos de todos los cargos de elección popular.

Nuevamente el Gobierno y el Congreso no interpretan la voluntad ciudadana; basta ver los bajos niveles de aprobación de los alcaldes y gobernadores actuales, que llevan dos años y ocho meses en sus cargos, para imaginar el desgaste que podrían alcanzar cuando los períodos de los mandatarios sean de seis años.

Los mandatos de un sexenio dificultan la renovación política, al dilatar la convocatoria a las elecciones, que al permitirle a los ciudadanos escoger entre un candidato que mantenga la línea del Gobierno y otros que representan nuevas propuestas, son una evaluación de quienes están en el poder y una oportunidad de ascender a este para quienes están por fuera.

Con gobiernos de seis años, la acumulación de poder fortalecerá a los mismos de siempre y estimulará la corrupción, pues, al igual que ahora, los mandatarios se las arreglarán para influir en la elección de los entes de control que deben vigilar su gestión.

Ojalá el Gobierno nacional y el Congreso de la República analicen en profundidad esta iniciativa y reflexionen sobre las implicaciones que tendrán para la democracia y el ejercicio de la política, para que dentro de unos años no sea necesario hacerle un nuevo remiendo a la Constitución, que ya es una colcha de retazos, para corregir el error que están a punto de cometer.

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