La inseguridad en el Cauca expone el abandono estatal y el control criminal sobre un corredor clave para el suroccidente del país
Vía Panamericana: cuando transitar se vuelve un riesgo
Las denuncias recientes sobre ataques y hurtos a volquetas en la doble calzada entre Popayán y Santander de Quilichao no son hechos aislados ni episodios menores.
Son la evidencia de una crisis de seguridad profunda que atraviesa el departamento del Cauca y que hoy convierte en una actividad de alto riesgo algo tan básico como transitar por la vía Panamericana.
Esta carretera no es una vía cualquiera. Se trata de un corredor estratégico, de carácter nacional e internacional, por el que se moviliza el comercio entre Colombia y Ecuador y se abastece buena parte del sur del país, incluyendo departamentos como Cauca, Nariño y Putumayo.
Que quienes trabajan en obras de infraestructura, transportadores y ciudadanos estén expuestos a robos, amenazas y ataques armados refleja un nivel de descontrol que no puede normalizarse.
El Cauca ha sido históricamente un territorio con problemas de orden público, pero lo que ocurre hoy supera episodios anteriores.
Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, el control de los grupos criminales aumentó de manera exponencial; guerrillas, disidencias, estructuras armadas y bandas ilegales operan con una libertad que se traduce en dominio territorial, intimidación permanente y afectación directa a la economía legal y a la movilidad.
Las decisiones del gobierno del presidente Gustavo Petro en materia de seguridad explican buena parte de este deterioro.
Los ceses al fuego mal diseñados, las concesiones políticas y los salvoconductos otorgados a cabecillas bajo la figura de gestores de paz terminaron convirtiendo a estos actores en prácticamente intocables para la fuerza pública.
A eso se suma la falta de operativos sostenidos y reales para recuperar el control del territorio, más allá de anuncios esporádicos que no se traducen en resultados.
El problema no se limita a la carretera. En los municipios y en las zonas rurales, especialmente en las montañas del Cauca, el panorama es aún más grave.
Allí, los grupos criminales imponen reglas, controlan economías ilegales y mantienen a las comunidades sometidas al miedo.
La ausencia efectiva del Estado es palpable y la población civil queda atrapada entre la violencia y la indiferencia institucional.
A este escenario de inseguridad se suman, además, los atentados recurrentes y los bloqueos constantes de comunidades que, ante la ausencia de autoridad y de soluciones estructurales, convirtieron el taponamiento de la vía Panamericana en una moneda de cambio para presionar.
La inseguridad en la vía Panamericana es apenas una manifestación visible de un problema estructural.
Cuando ni siquiera se puede garantizar la seguridad en una de las arterias más importantes del país, el mensaje es claro: el Estado perdió terreno y autoridad en una región clave.