Vicepresidencia, un cargo inútil

lunes 20 de febrero, 2017

Es hora de regresar al modelo del designado presidencial.

Tal vez la única propuesta sensata incluida en la improvisada reforma política que el Gobierno Nacional pretende tramitar a las carreras es la eliminación de la figura del vicepresidente de la República.

Éste es un cargo innecesario como tal, pues si bien se requiere un mecanismo para reemplazar al Jefe de Estado en caso de faltas temporales o absolutas, basta con regresar a la figura del designado presidencial, que se tuvo hasta 1994, una personalidad que no hace parte del Gobierno Nacional, pero que está allí disponible para asumir ante la incapacidad, la renuncia o la muerte del presidente de la República.

Tener a esa figura dentro del Gobierno, como ocurre actualmente con el vicepresidente, genera una burocracia innecesaria. El cargo es tan inútil que no tiene funciones definidas, a cada vicepresidente de turno el presidente le dice qué hacer, según su perfil.

Además, la elección del vicepresidente de manera conjunta con el presidente hace que se conformen fórmulas por conveniencia más no por convicción, por simple cálculo electoral, sin que los una más ideología que la búsqueda del poder, lo que lleva a espectáculos vergonzosos como los protagonizados entre el presidente Juan Manuel Santos y sus dos compañeros de tarjetón, Angelino Garzón y Germán Vargas, que terminaron en abiertas y profundas contradicciones en temas del manejo del Estado, algo que no le hace ningún bien al sistema.

¿Cuánto tiempo más se mantendrá este cargo innecesario? Como van las cosas, en las votaciones de mayo de 2018 todavía se elegirá al presidente en fórmula con el vicepresidente, pero ojalá esa sea la última elección bajo ese modelo. Hay que reconocer que la creación de esta figura fue un error de la Constitución de 1991.

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