¿Y el plebiscito?
Aunque se dice que el proceso de paz con las Farc está en la recta final, preocupa que a estas alturas el Gobierno Nacional y la guerrilla no se hayan puesto de acuerdo sobre el mecanismo de refrendación de los acuerdos a los que se llegue. El plebiscito, medio propuesto por el presidente Juan Manuel Santos, sigue sin ser aceptado por la guerrilla, que insiste en una asamblea constituyente.
Pero ese no es el único inconveniente: según la Procuraduría General de la Nación, el plebiscito para la paz es inexequible por varias razones, entre ellas porque permite que solo con la votación del 13% del censo electoral (cuatro millones de los 30 millones de colombianos habilitados para votar) se decida sobre asuntos estructurales del Estado.
En este momento el plebiscito está en manos de la Corte Constitucional, que debe definir si se ajusta o no a la Carta Magna. Considerando que la norma vigente establece que para que el resultado de un plebiscito sea válido debe haber una votación de 16 millones de ciudadanos, la probabilidad de que el alto tribunal lo declare inexequible, como lo solicitó la Procuraduría, es real.
¿Qué pasará si la Corte lo hunde por el cambio realizado en el umbral o por considerar que no es el mecanismo apropiado para refrendar los acuerdos de paz? ¿Cuál es el plan B? Sea cual sea, bajo ninguna circunstancia se puede siquiera considerar la posibilidad de que el acuerdo final con las Farc entre en vigencia sin la aprobación del pueblo colombiano, ese es un compromiso que el Presidente debe cumplir.
Con todas las críticas hechas al proceso de paz a lo largo de estos tres años y ocho meses de negociaciones, y con toda la desconfianza que despierta el secretismo que rodea gran parte de lo pactado, sería un error saltarse a la ciudadanía, pues solo la aprobación de los colombianos le daría al acuerdo final la legitimidad que necesita.