Una sonrisa

    miércoles 6 de noviembre, 2013

    Una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón, conserva nuestro buen humor, guarda nuestra alma en paz,  vigoriza la salud, embellece nuestro rostro e inspira buenas obras.

    Sonriamos a los rostros tristes, tímidos, enfermos, conocidos, familiares y amigos.

    Sonriámosle a Dios con la aceptación  de todo lo que Él nos envíe y tendremos el mérito de poseer la mirada radiante de su rostro con su amor por toda la eternidad.

    Las palabras de Cristo son muy claras, pero debemos entenderlas como una  realidad viviente, tal como Él las propuso. Cuando Él habla de hambre, no habla solamente del hambre de pan,  sino hambre de amor, hambre de ser comprendido, de ser querido.

    Él experimentó lo que es ser rechazado porque vino entre los suyos y los suyos no lo quisieron. Y Él conoció lo que es estar solo, abandonado, y no tener a nadie suyo.

    Esta hambre de hoy, que está rompiendo vidas en todo el mundo, destruyendo hogares y naciones, habla de no tener hogar, no solamente un cuarto con techo, sino también hambre de ser aceptado, de ser tratado con compasión, y que alguien abra nuestro corazón para recibir al que se sienta abandonado.

    Madre Teresa de Calcuta

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