Carolina Cruz y reacciones por su porta cuchillos

Réquiem y defensa de los libros

lunes 8 de junio, 2020

LUIS ANGEL MUÑOZ ZUÑIGA
ESPECIAL DIARIO OCCIDENTE

El reciente tutorial que Carolina Cruz presentó en el programa Día a Día en televisión, sobre cómo diseñar porta cuchillos tomando como material varios libros, evidencia que no sólo la humanidad ha sido agraviada en la inquisición, los holocaustos y los regímenes dictatoriales. En la historia también hubo bibliocidas o victimarios de las bibliotecas, cuyas infamias pretendieron eliminar las ideas. Aunque el acto protagonizado por la bella dama no tuvo similar ámbito criminal y fue ingenua su intención, sin embargo provocó la reacción inmediata hasta volverse viral en las redes. Desconocemos si el diseño de adornar cocinas, fue obra de su ingenio u obedeció a un libreto sobre curiosidades en la televisión.

Su tutorial requirió de varios libros amarrados en posición vertical y de cuchillos clavados en los filos superiores. Fue un acto reprochable, mucho más, tratándose de la autora del libro “Mi mundo, mis huellas”, de editorial Grijalbo 2017. Se le recrimina que haya escogido libros de otros autores para convertirlos en porta cuchillos, ella que sabe qué es concebir un libro. Carolina Cruz tal vez quiso propiciar un ámbito de tertulia matutina, pero cometió un acto culposo porque le hizo a los libros lo mismo que los esclavistas dolosamente le hacían a las personas: las compraban, las vendían, las azotaban, las “acuchillaban” y las exhibían. La bella presentadora paradójicamente olvidó que para lograr la paz hay que cambiar armas por libros. Los cuchillos son armas de riña y muerte. En cambio los libros son fuente de sabiduría y simbolizan amistad. Darles la función de porta cuchillos, además grotesco y burlesco con el pensamiento humano, es tan intimidatorio como diseñar libros-bomba.

Destrucción de libros

“Historia Universal de la Destrucción de Los Libros”, de Fernando Báez, 2004, editorial Melvin, Caracas, reseña las infamias que se han cometido contra los libros desde las tablillas sumerias hasta la guerra de Irak. En Siria y Babilonia las bibliotecas fueron derribadas entre escombros y ruinas. En Egipto muchas claves secretas del saber desaparecieron tras la quema de los papiros. Cientos de obras de Aristóteles siguieron el destino fatal de la biblioteca de Alejandría. Los conocimientos de los aztecas y de los mayas fueron incinerados durante la Conquista en México cuando el obispo Diego de Landa ordenó que quemaran los códices precolombinos para borrar el pasado cultural. Durante la guerra civil española y en la segunda guerra mundial, además de las persecuciones a los escritores, varias bibliotecas fueron bombardeadas.

Bibliocaustos latinos

En América Latina los dictadores emularon los tiempos del fascismo europeo donde los holocaustos nazis estuvieron complementados por los bibliocaustos. Durante las dictaduras en Chile y Argentina, las juntas militares de Augusto Pinochet y de Rafael Videla, persiguieron y desmantelaron en las universidades los libros considerados obras subversivas. Registraron las bibliotecas de los intelectuales tomando sus libros como pruebas delictivas. Y cerraron las librerías para acabar las fuentes de adoctrinamiento. El general Videla ordenó intervenir la reconocida Casa Editorial Eudeba, para limpiar de las obras izquierdistas la tradicional impresora.

“A las ocho de la mañana del 25 de marzo de 1976, el capitán de navío Francisco Suarez Battán, dos suboficiales y tropa armada ingresaron en la sede de Eudeba, sobre la avenida Rivadavia al 1500. Sin mayores explicaciones, que seguramente les parecerían innecesarias, el oficial pasó directamente al primer piso, donde se encuentran las oficinas de dirección, y anunció que a partir de ese momento tomaba posesión de la editorial”, registró el periodista Hernán Invernizzi en “Los libros son tuyos”.

Oda al libro

La tertulia matutina con porta cuchillos provocó indignación en las redes sociales porque al final construye un monumento propio de patentar en la historia de la destrucción de los libros. La indignación de los televidentes que presenciaron el hecho y de los cibernautas que pronto se enteraron, demostró que ningún bibliófilo jamás sería cómplice de las infamias que acrecienten el cementerio de la memoria colectiva. Los bibliófilos adoptan como su credo la Oda Elemental de Pablo Neruda Al Libro: “Nosotros/ los poetas/ caminantes/ exploramos/ el mundo, / en cada puerta/ nos recibió la vida,/ participamos/ en la lucha terrestre./ Cuál fue nuestra victoria?/ Un libro,/ un libro lleno/ de contactos humanos,/ de camisas,/un libro/ sin soledad, con hombres/ y herramientas,/ un libro/ es la victoria.”

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