Riesgos reales en espacios deportivos
¿Es posible contraer infecciones en el gimnasio por no limpiar las máquinas y las pesas?
Los gimnasios se convirtieron en espacios esenciales para la salud física, pero también en lugares donde conviven sudor, humedad y contacto constante con superficies de uso compartido.
Esa combinación plantea una pregunta común entre los usuarios: ¿es posible contagiarse de infecciones por no limpiar las máquinas, las pesas, las mancuernas o las bancas antes de usarlas? La respuesta, de acuerdo con fuentes especializadas en salud deportiva y dermatología, es sí.
Los dermatólogos coinciden en que los gimnasios son entornos donde se acumulan microorganismos, especialmente cuando hay poco mantenimiento o cuando los usuarios no siguen las normas básicas de higiene.
El sudor, aunque no transmite enfermedades por sí solo, deja humedad que facilita la supervivencia de bacterias y hongos.
Además, pequeñas abrasiones en la piel –a veces imperceptibles– permiten que esos microorganismos ingresen y generen infecciones.
Las infecciones más comunes en los gimnasios
La literatura médica sobre salud deportiva identifica tres grandes grupos de infecciones que pueden transmitirse en gimnasios: bacterianas, fúngicas y virales.
Las bacterias como Staphylococcus aureus y su variante resistente, conocida como MRSA, son algunas de las más frecuentes.
Estas pueden sobrevivir en mancuernas, máquinas, tapetes y bancas, y causar cuadros como foliculitis, abscesos o impétigo cuando entran en contacto con la piel dañada.
Los hongos también encuentran en los gimnasios un ambiente ideal. El calor, la humedad y la falta de desinfección permiten la propagación de dermatofitos responsables de la tiña corporal, la tiña inguinal y el pie de atleta.
Estas infecciones se transmiten fácilmente cuando la piel toca superficies contaminadas o cuando se camina descalzo en duchas y vestuarios.
En cuanto a los virus, algunos como el virus del papiloma humano (VPH) responsable de verrugas comunes o el molusco contagioso pueden sobrevivir en superficies por periodos variables.
Aunque la transmisión no es tan eficiente como en el contacto directo piel con piel, sí puede ocurrir al apoyar manos, piernas o espalda en equipos contaminados que no recibieron desinfección adecuada.
Por qué la desinfección importa
La clave para evitar contagios en el gimnasio consiste en romper la cadena de transmisión. Esto significa eliminar o reducir la presencia de microorganismos en las superficies y disminuir las posibilidades de que entren en contacto con la piel.
Estudios en prevención de infecciones señalan que limpiar las máquinas antes y después de usarlas con productos a base de alcohol o compuestos antibacteriales reduce de manera significativa la carga microbiana.
Además, colocar una toalla entre la piel y las bancas, lavarse las manos después de entrenar, evitar tocarse la cara durante la rutina y cubrir heridas con apósitos impermeables ayuda a disminuir el riesgo.
También se recomienda usar sandalias en duchas y zonas húmedas, lavar la ropa deportiva después de cada uso y no compartir objetos personales como botellas, toallas o guantes.
Los expertos enfatizan que la mayoría de las infecciones adquiridas en gimnasios no representan un riesgo grave si se detectan temprano, pero pueden complicarse si no reciben tratamiento oportuno, especialmente en personas con sistema inmunológico comprometido.
Finalmente, aunque no todas las superficies del gimnasio representan el mismo nivel de riesgo, las máquinas de contacto directo, las mancuernas, las pesas, las colchonetas y las bancas son puntos críticos que deben limpiarse siempre.
Mantener hábitos de higiene consistentes es, según las guías de seguridad deportiva, la forma más eficaz de disfrutar del entrenamiento sin exponerse innecesariamente a infecciones evitables.