De la Expedición Botánica de Mutis a la COP 16

A sembrar conciencia que garantice vida

lunes 28 de octubre, 2024

Luis Ángel Muñoz Zúñiga – Especial Diario Occidente

La COP 16 fue recibida por los caleños como una gran fiesta y por el sector hotelero como el boom turístico que se anticipó dos meses a la tradicional Feria Internacional de la Caña de Azúcar.

Cuando clausure el evento que nos comprometió a ponernos en paz con la naturaleza, no podemos olvidar el calentamiento global, menos, la sequía del rio Amazonas.

La Expedición Botánica de 1783 fue antecedente histórico, después no se dio algo similar, hasta la COP 16 con objetivos diametralmente opuestos: José Celestino Mutis, en el siglo XVIII, convocó a los neogranadinos a recorrer los paisajes vírgenes para que evaluaran la riqueza en flora y fauna; las dos semanas en Cal convocan a que conjuntamente con los delegados internacionales, evaluemos los daños que le ocasionamos a la naturaleza durante medio milenio.

Historia Natural

La biodiversidad fue el tema que interesó a los cronistas de Indias, ellos estuvieron maravillados por su encuentro con los precolombinos y disfrutaron de los paisajes paradisiacos del Nuevo Mundo.

Sus crónicas antecedieron el realismo mágico literario.

Esas crónicas sirven como referencia para darnos cuenta del estado de postración en que sumimos nuestra naturaleza.

“Más dígolo porque si algún paraíso se puede decir en la tierra es donde se goza un temple tan suave y apacible, porque para la vida humana no hay cosa de igual pesadumbre y pena, como tener un cielo y aire contrario, y pesado y enfermo, aquí no hay cosa más gustosa y apacible que gozar del cielo y aire suave, sano y alegre”.

(Historia Natural y Moral de Las Indias. José de Acosta. Madrid 1589).

Antecedentes de la COP 16

La Expedición Botánica de Mutis es antecedente histórico del COP 16.

En el siglo XIX y principios del XX, otros exploradores enriquecieron el género de memorias de viajes, con narraciones también maravillosas que ahora nos permiten dimensionar los daños medioambientales ocasionados en dos siglos de relación diferente del hombre con la naturaleza, con procesos de urbanismo y de desarrollo industrial.

Había una legislación protectora, aún vigente, que los deforestadores no acataron, ni los mineros ilegales, ni los dueños de cultivos ilícitos y, menos, los distintos grupos armados disidentes y paramilitares.

En encuentros internacionales Colombia aprobó compromisos de Estado para la restauración, que sus gobiernos incumplieron.

Los proyectos institucionales, comunitarios o educativos, que tracemos encaminados a ponernos en paz con la naturaleza y en pro del apaciguamiento del calentamiento global, deben estar fundamentados con los antecedentes históricos, los conceptos científicos y su marco legal.

La Expedición Botánica de 1783 descubrió, dio a conocer y clasificó nuestra biodiversidad y las bondades de la fauna y flora.

En la COP 16, doscientos cuarenta años después, evaluamos los daños de la riqueza natural que amenazan la vida.

Amazonas agónico

Los huracanes, la sequía de ríos y humedales, las inundaciones y los incendios de los bosques son las catástrofes más sobresalientes que se padecen en distintas partes de la tierra y que tienen origen en la pérdida de caudal del Amazonas, porque es el gran pulmón continental que mitiga al planeta de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La salvación del rio Amazonas es el problema más delicado y urgente de atender, que requiere de políticas públicas de monitoreo y mitigación, estrategias para aprobar y asumir entre todos los países asistentes a la COP 16.

Es un asunto que, en el caso de Colombia, nos compromete con mayor énfasis en la medida que somos el país limítrofe con el rio Amazonas que registra las tendencias de la biodiversidad continental.

“A través del desarrollo de estrategias de adaptación y mitigación –dice María E. Rinaudo en el Informe Biodiversidad y Cambio Climático del Instituto Humbolt-, se favorece la resistencia y resilencia de los ecosistemas, reduciendo los riesgos asociados al cambio climático y a su vez, se promueve la conservación y manejo sostenibles de ecosistemas y especies en el país”.

Construyendo proyectos

En la COP 16 que delibera en el Centro Cultural Comfandi, calle 8 con carrera octava, representantes de resguardos de la Orinoquía, otrora afectados por la violencia, el desplazamiento y la deforestación, contaron sus experiencias.

Que firmada la paz y acuerdos de los grupos reinsertados, las comunidades indígenas regresaron a sus territorios, reiniciando el trabajo comunitario y la gobernanza, beneficiándose de proyectos apoyados por el Instituto Humbolt y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

“Árboles y Palmas Yari Yaguara II”, es un proyecto que beneficia al resguardo establecido en los llanos Yarí Yaguara, entre los municipios de San Vicente del Caguán (Caquetá), Macarena (Meta) y Calamar (Guaviare), conformado por pijaos, tucanos y piratapuyos.

“Este resguardo no solo posee un valor cultural significativo, también desempeña un papel de preservación de la biodiversidad por ubicarse sobre uno de los corredores biológicos más importantes entre los Andes y la Amazonía –expuso su líder José Manuel Ochoa-. La implementación de iniciativas de viverismo y restauración son fundamentales para contrarrestar las amenazas de la deforestación y salvaguardar la integridad ecológica de la región”.

Coca desmitificada

En el Planetario Yawa, calle quinta con carrera 32, zona verde de la COP 16, en un estand de dialogo saberes, se exponen temas de biodiversidad.

El público se informa de productos y libros editados por el colectivo de maestros de la cocina ancestral de la Fundación Tierra de Paz, oriundo de Popayán, que promueve los conocimientos sobre las cualidades nutricionales de la hoja de coca, los procesos de elaboración de la harina de coca y las recetas inspiradas en la tradición ancestral de la planta venerada.

“El influyente y unificador mundo de la comida es una gran herramienta para contribuir a la desmitificación, la descolonización y la lucha contra la demonización que existe sobre la planta de coca –señala Mariana Velásquez Villegas-. Y bien sea que el uso de la hoja de coca para cocinar, contribuirá con el bienestar de la comunidad e inevitablemente, a la paz de un país devastado por la guerra. Así como la torta de semillas de amapola no contiene heroína, el polvo de la hoja de coca, en innumerables recetas, no se traduce en cocaína”.

Los maestros de Tierra de Paz se guían por un Manifiesto Gastronómico mediante el cual se comprometen con la investigación y promoción de las tradiciones culinarias, igual que a la creatividad, la innovación y la construcción de identidad cultural.

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