Miradas literarias a la esclavitud

Mayo, mes de la afrocolombianidad

Foto: Ilustración IA
viernes 22 de mayo, 2026

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

Colombia durante el mes de mayo conmemora la abolición de la esclavitud y exalta la afrocolombianidad. Celebración que difunde la música y promueve las danzas con raíces africanas.

Pero la afrocolombianidad también se relaciona con otros ámbitos: histórico, jurídico, impacto social, literario y cultural.

La Ley 725 de 2001, honra el 21 de mayo en conmemoración que en 1821, en el gobierno de José Hilario López, el Congreso de la República ese día abolió la esclavitud.

Es rico el aporte afro en la cultura neogranadina, y notorio el impacto social de la abolición de la esclavitud.

Olvidamos que los esclavos africanos también participaron en las batallas por la independencia de la patria y que Juan José Nieto Gil, hasta ahora ha sido el único presidente negro, gobernó la Confederación Granadina.

Que los cimarrones con sus palenques contribuyeron a enriquecer el folclor nacional y las diásporas africanas sembraron las raíces musicales del jazz, la rumba, la samba, el candombe y la salsa.

Comercio negrero

En la conquista española nuestros aborígenes fueron sometidos a trabajos forzados en las minas, pero como no estaban acostumbrados, pronto empiezan a diezmarse.

Eso garantizó el éxito del comercio de esclavos negros traídos de África y vendidos en Cartagena, mercado que surtió el territorio de mano de obra para la explotación minera y en las jornadas agotadoras en las plantaciones y la zafra.

Los esclavos eran evaluados mediante el palmeo que los valoraba acorde a su edad y estado de salud. Convenido el negocio, se le marcaba en la espalda las iniciales del comprador con un hierro caliente al rojo vivo.

Los esclavos eran amarrados con cadenas y grilletes evitando que huyeran o se sublevaran siguiendo el ejemplo cimarrón que incendió haciendas, se levantó en rebelión y liderado por Domingo “Benkos” Biohó, organizó el palenque de San Basilio.

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista, el saqueo de las Indias y la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son los hechos de los albores de la era de producción capitalista” . (Carlos Marx. El Capital, Acumulación Originaria).

Abolición de la esclavitud

La abolición de la esclavitud se inició con la Ley de Libertad de los Vientres, pero quienes tenían esclavos en las minas y en las plantaciones, no la acogieron porque afectaría sus empresas.

La abolición de la esclavitud se dio realmente cuando Senado y Cámara de La Nueva Granada, expiden la Ley 18510522101 de mayo 21 de 1851, norma que decretó quedesde el día 1º de enero de 1852 serían libres todos los esclavos que existían en el territorio de la República. En consecuencia gozarían de los derechos que garantizaba la Constitución”.

En otros articulados, la misma ley reglamentó: el previo avalúo del esclavo en mil doscientos reales, la expedición de cartas de libertad, las funciones de las juntas de manumisión y el procedimiento para el reconocimiento de la libertad.

Además, se determinó llevar registro con copia de los impuestos por las manumisiones, remitidas al archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Fuentes literarias

La esclavitud iniciada en el puerto negrero de Cartagena y que se desarrolló en tres siglos, varió porque algunos criollos en sus haciendas la equipararon con el oficio de servidumbre.

María” de Jorge Isaacs y “El Alférez Real” de Eustaquio Palacios, son fuentes de memoria histórica regional, que narran la particularidad de la esclavitud en la Gran Provincia del Cauca.

Sin embargo, no pueden descartarse algunas críticas en desacuerdo, según ellas, como ficción literaria desconocen la dura realidad padecida con las relaciones de servidumbre.

Toda familia regularmente acomodada tenía una esclava, por lo menos, para el servicio doméstico; la cocinera era siempre una negra. Estos esclavos ciudadanos lo pasaban mucho mejor que los de las haciendas, que vivían al remo del trabajo y tratados en algunas de ellas con crueldad. Había amos de terrible fama, con los cuales eran amenazados los criados que no querían portarse bien. Los criados de una casa solían entrar en pendencia con los de otra, disputando sobre la nobleza de sus amos. Cada criado sostenía que la del suyo era de mayores quilates que la del otro”. (El Alférez Real. Cali en 1789. Eustaquio Palacios).

Servidumbre o labores tortuosas

La esclavitud ha inspirado a los novelistas. En la literatura colombiana abundan las narraciones con matices diferentes según las características económicas de cada región y acorde a la explotación laboral.

Si comparamos el trabajo en “María” de Jorge Isaacs, “La Vorágine” de José Eustasio Rivera y “Cien años de soledad” de García Márquez, hallaremos diferencias notables en las relaciones esclavistas.

La primera narra relaciones de servidumbre con hacendados benévolos, la segunda, a pesar de estar abolida la esclavitud, refiere una compañía peruana que en Colombia sometió al hambre, azotó y fusiló trabajadores en las caucherías y, la tercera, describe una moderna esclavitud encubierta, impuesta por la United Fruit Company en la zona bananera de Ciénaga Magdalena.

Una costosa y bella fábrica de azúcar, muchas fanegadas de caña para abastecerla, extensas dehesas con ganado vacuno y caballar, buenos cebaderos y una lujosa casa de habitación, constituían lo más notable de sus haciendas en tierra caliente. Los esclavos, estaban bien vestidos y contentos, hasta donde es posible estarlo en la servidumbre, eran sumisos y afectuosos con su amo. Pude notar que mi padre, sin dejar de ser amo, daba un trato cariñoso a sus esclavos.(María. Jorge Isaacs).

Esclavismo cauchero y bananero

Esclavo, no te quejes de las fatigas. ¡La cadena que muerde vuestros tobillos es más piadosa que las sanguijuelas de estos pantanos; el carcelero que os atormenta no es tan adusto como estos árboles que nos vigilan sin hablar. Reñimos a mordiscos y a machetazos, y la leche del caucho se salpica de gotas enrojecidas ¿Más qué importa que nuestras venas aumenten la savia del vegetal? ¡El capataz exige diez litros diarios y el foete usurero nunca perdona!”. (La Vorágine. Eustasio Rivera).

La inconformidad de los trabajadores se fundaba esta vez en la insalubridad de las viviendas, el engaño de los servicios médicos y la iniquidad de las condiciones de trabajo. Afirmaban además, que no se les pagaba con dinero efectivo, sino con vales que sólo servían para comprar jamón de Virginia en los comisariatos de la compañía bananera”. (Cien años de soledad. Gabriel García Márquez).


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