Altas temperaturas pueden provocar deshidratación, agotamiento y golpes de calor
Ola de calor: cómo protegerse cuando el cuerpo también empieza a pedir auxilio
Las altas temperaturas no son solo una incomodidad.
Una ola de calor puede convertirse en un riesgo real para la salud cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura, especialmente si la exposición al sol es prolongada, no hay buena hidratación o se realizan esfuerzos físicos en las horas más calurosas del día.
Por eso, durante estos días es clave tomar medidas sencillas, pero constantes.
La primera recomendación es evitar salir o hacer actividad física intensa en las horas de mayor calor.
La Organización Mundial de la Salud aconseja permanecer en la sombra, reducir la exposición directa al sol y pasar varias horas al día en lugares frescos.
Además, recuerda que la temperatura percibida bajo el sol puede ser entre 10 y 15 grados más alta que a la sombra.
La hidratación debe ser una prioridad, incluso cuando no se sienta sed.
Beber agua con frecuencia ayuda a compensar la pérdida de líquidos por sudoración.
También se recomienda evitar el exceso de alcohol, bebidas muy azucaradas o comidas pesadas, porque pueden favorecer la deshidratación o hacer más difícil que el cuerpo regule el calor.
En casa, es importante mantener los espacios ventilados, cerrar cortinas o persianas durante las horas de mayor radiación, usar ventiladores o aire acondicionado cuando sea posible y tomar duchas frescas para bajar la temperatura corporal.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan permanecer en espacios interiores frescos, usar ropa liviana y de colores claros, programar cuidadosamente las actividades al aire libre y nunca dejar niños ni mascotas dentro de vehículos.
Hay señales de alarma que no deben ignorarse: mareo, dolor de cabeza, debilidad, náuseas, calambres, sudoración excesiva, dificultad para respirar o sensación de desmayo pueden indicar que el cuerpo está sufriendo por el calor.
Si aparecen estos síntomas, la persona debe trasladarse de inmediato a un lugar fresco, aflojar la ropa, beber agua en pequeños sorbos y aplicar paños húmedos o agua fresca sobre la piel.
El golpe de calor es una emergencia.
Si una persona presenta confusión, piel muy caliente, desmayo, vómito persistente, convulsiones o empeoramiento rápido, se debe buscar atención médica urgente.
Mientras llega la ayuda, hay que llevarla a la sombra o a un sitio fresco, retirar ropa innecesaria y enfriar el cuerpo con paños húmedos, ventilación o agua fresca.
La recomendación más importante es cuidar a quienes más riesgo tienen: bebés, niños pequeños, adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas, trabajadores al aire libre y personas en situación de calle.
En una ola de calor, una llamada, una visita o un vaso de agua a tiempo también pueden salvar una vida.
Protegerse del calor no es exagerar. Es entender que el cuerpo tiene límites y que, cuando la temperatura sube, la prevención debe empezar antes de que aparezca la emergencia.