La gente que dice “ya voy saliendo” cuando todavía está en pijama
¿Cuál es la mentira más común del ser humano?
Decir “ya voy saliendo” es, probablemente, la mentira social más aceptada del planeta. No es grave, no es malintencionada, no destruye relaciones… pero tampoco es verdad.
Porque cuando alguien dice “ya voy saliendo”, en la mayoría de los casos no ha salido, no está cerca de salir y, en situaciones extremas, ni siquiera ha decidido qué zapatos ponerse.
“Ya voy saliendo” es una frase elástica. Puede significar desde “estoy cerrando la puerta” hasta “estoy buscando la toalla para bañarme”.
Es un concepto, no un hecho. Una intención espiritual. Una promesa con fe, pero sin respaldo logístico.
La escena es universal. Alguien escribe: “¿dónde estás?”. Y la respuesta sale automática, casi instintiva: “ya voy saliendo”.
El problema es que en ese momento la persona sigue en pijama, sentada en la cama, revisando redes, pensando si realmente quiere ir.
Pero decir “ya voy saliendo” da tranquilidad. Es una anestesia social. Calma al otro mientras uno organiza su vida… o decide si realmente va a organizarla.
Lo maravilloso de esta frase es su capacidad de adaptación. Si pasan cinco minutos, “ya voy saliendo” significa que hubo tráfico.
Si pasan diez, significa que “me demoré un poco”. Si pasan veinte, ya se entra en el terreno del descaro elegante: “no sabes lo que pasó”.
Nunca se aclara qué pasó. No es necesario. La frase se sostiene sola.
Hay expertos en el “ya voy saliendo”. Personas que lo dicen con una convicción tan fuerte que hasta ellos mismos se lo creen.
Lo dicen mientras se meten a bañar. Lo dicen mientras buscan medias. Lo dicen mientras eligen qué ponerse. Lo dicen incluso cuando aún están decidiendo si ir o cancelar con una excusa mejor.
También existe la versión optimista del “ya voy saliendo”, esa que se dice con esperanza genuina.
La persona cree que en cinco minutos estará lista, pero subestima todo: el tiempo de arreglarse, el tráfico, la distancia, la vida.
Cinco minutos se convierten en treinta, y la frase empieza a pesar en la conciencia. Pero ya es tarde. La mentira ya salió. Ahora hay que sostenerla.
Del otro lado está la víctima
Esa persona que escucha “ya voy saliendo” y decide confiar. Se arregla, se prepara, se queda esperando.
Al principio con paciencia. Luego revisando el celular. Luego mirando el reloj. Luego escribiendo “¿todo bien?”.
Y ahí vuelve la frase mágica: “sí, ya voy llegando”. Que, en realidad, significa exactamente lo mismo que la anterior.
Lo más curioso es que todos sabemos que no es verdad… y aun así la aceptamos. Porque todos la hemos dicho. Porque todos hemos sido esa persona en pijama.
Porque sabemos que un día seremos nosotros otra vez. Es un pacto social no escrito. Una mentira pequeña, compartida, casi tierna.
Hay personas que jamás dicen “ya voy saliendo” si no es cierto. Son seres extraños, casi míticos, que llegan puntuales y no entienden este comportamiento.
Pero son minoría. La humanidad funciona sobre retrasos justificados con frases vagas.
El “ya voy saliendo” también tiene variaciones. Está el “ya casi”, el “estoy a nada”, el “en cinco estoy ahí”.
Todos pertenecen a la misma familia lingüística: la de las promesas optimistas sin fundamento.
Y, sin embargo, seguimos usándola. Porque decir “todavía no estoy listo y probablemente llegue tarde” suena demasiado honesto. Porque la verdad absoluta genera conflicto. Porque el “ya voy saliendo” mantiene la paz, aunque sea ficticia.
Quizá el problema no es la frase, sino el tiempo. Vivimos corriendo, sobreestimando nuestra capacidad de llegar a todo, subestimando el trayecto entre la intención y la acción. El “ya voy saliendo” es solo el síntoma.
Así que la próxima vez que alguien te diga “ya voy saliendo”, no te enojes. Sonríe. Respira. Da margen.
Probablemente esa persona te está escribiendo desde su cama, en pijama, con la mejor de las intenciones… y cero probabilidades de llegar a tiempo.
Y seamos honestos: tú también has sido esa persona.