La risa, analgésico en el confinamiento
El humor en los tiempos del Covid-19
LUIS ANGEL MUÑOZ ZUÑIGA
ESPECIAL DIARIO OCCIDENTE
Si por casualidad usted escucha en un audio de WhatsApp el siguiente diálogo de pareja, seguramente valorará el humor en los tiempos del Covid-19:
¿Mijo, para dónde vas?- pegunta la esposa.
Para la sala, mi amor- él responde.
A bueno, mucho cuidado y regresa temprano- ella le aconseja.
Y cómo el humor también es vivir para contarlo, cuando ya comience a aplanarse la curva del coronavirus, probablemente usted volverá al mar con su novia. Pero recuerde que como la vida no seguirá como era antes de la pandemia, ya no aceptarán llevar bikini para entrar a la playa. A ella le exigirán trikini: tapaboca, sostén y panty. Más bien a usted le tocará usar bikini: tapaboca y pantaloneta. Y dentro de algunos años ese fruto de vuestro amor les preguntará: Mamá, ¿es verdad que tú y mi papá se encerraron cuarenta días? Pueda que le respondas: No hagas preguntas indiscretas, Covid Alfonso.
Risas o aburrimiento
Las anteriores narraciones demuestran que durante la pandemia el humor no es exclusivo de los caricaturistas que publican en diarios y revistas, ni de los comediantes de televisión. La cotidianidad está en la mira de los talentosos promotores del humor difundido por las redes y que hacen más llevadero el confinamiento. Aburrimiento y estrés terminan en risa cuando abrimos los memes, videos y frases de WhatsApp. Muchas personas empiezan a sanar de sus dolencias que semanalmente les hacía acudir al médico. Los medicamentos y las terapias clínicas en tiempos de confinamiento son relevados por la risoterapia.
Los humoristas de las redes no relacionan la risa con sus efectos benéficos para la salud. Tal vez jamás hayan oído hablar de Patch Adams, aquel médico que en Estados Unidos en 1972 fundó el Instituto Gesundheit, donde trataba a pacientes con el lema de que “lo más curativo es el amor, el humor y la risa”. Adams fundamentaba sus prácticas con teorías psicoanalíticas de Simund Freud en “El chiste y su relación con lo inconsciente”, “La civilización y sus descontentos”, entre otras.
Creadores anónimos
Las personas no ríen solitarias, inmediatamente muestran los chistes que reciben a quienes les acompañan. Pero también los comparten a sus contactos en las redes, sin importar el consumo de datos o el agotamientos de las recargas. Los creadores de humor en las redes se diferencian de los caricaturistas que firman en periódicos y revistas las imágenes de su autoría, porque su misión anónima es alegrar a sus semejantes sin esperar contraprestación económica. Estos cultivadores del humor se conforman con darse cuenta que su producción intelectual se volvió viral a los pocos minutos.
Producir videos humorísticos no es una tarea fácil, es un verdadero arte del que no imaginamos los equipos que filman y la vocación de los actores naturales tras escena. Entre las situaciones objeto del humor están las de pareja y las clases virtuales. Quién no carcajeó viendo el video del profesor que en el Zoom le solicitó a un estudiante la tarea y este le responde que el cuaderno se le quedó en casa. Cuando la maestra en su clase virtual les ordena retirarse del aula a dos estudiantes indisciplinados. Otro caso risible lo protagoniza ese estudiante que con malicia o ironía le pregunta a su maestra: Profe, ¿cuándo van a hacer paro virtual?
Humor o realidad
Provoca risa la cuarentena de una esposa recostada en el sofá y plácidamente conectada a los audífonos de su celular. El esposo que desde la cocina la observa, se le acerca, da un golpe sobre la mesa y protesta: No joda, ya no aguanto más, todos los días barro, trapeo, cocino y lavo los platos mientras tú la pasas chateando. Ella se quita los audífonos, lo mira y extrañada pregunta: ¿Qué dices? Él responde humildemente: ¿Mi amorcito que hoy qué quieres de almuerzo?
Otra situación humorística es de la secretaria que en su casa dirigiéndose hacia la cocina a prender la estufa, escucha en altavoz que su jefe le llama la atención porque sin darse cuenta dejó abierto su micrófono de participación en el Zoom, cayendo en cuenta de su embarrada de renegar ante la inoportuna reunión y expresar vituperios contra él.
Es cierto que en tiempos de la pandemia el humor se convierte en el bálsamo a mano contra el aburrimiento. Sin embargo, advirtamos no caer en el otro extremo de que bromeando minimicemos la realidad. Entre el chiste y la realidad hay apenas un centímetro de distancia. Si no, recordemos que cuando lejanamente nos enterábamos sobre el número de contagiadas y las muertes en China, España e Italia, nuestro primer chiste fue: “No te tenemos miedo coronavirus, aquí te esperamos con aguapanela caliente, limón y jengibre”.