Estuche musical del verso lírico

viernes 7 de febrero, 2014

Luis Ángel Muñoz Zúñiga Especial Diario Occidente
El bolero, que emergió contemporáneamente al tango, es el formato musical que lleva más de un siglo de vigencia en nuestro continente y trascendió fronteras universales.

Se le puede definir como la poesía romántica con envoltura musical y su fenomenología hace que periódicamente se reúnan los académicos a presentar sus ponencias en encuentros internacionales del bolero, por ejemplo, estos se realizan anualmente desde hace tres décadas en La Habana, Cuba.

A la palabra bolero también se le han dado otros significados: un novillero o un ritmo que se baila al son de guitarras, panderetas y castañuelas (España); sombrero de copa (Guatemala), limpiabotas (México) o arcos pronunciados en las mangas y faldas de los vestidos (Colombia).

Orígenes comunes
Mientras el origen del tango se lo disputan entre Argentina y Uruguay, la mayoría de los países de nuestro continente y Europa, se adjudican como la tierra natal del bolero, sobresaliendo Cuba, México, Puerto Rico y España.

Algunos historiadores, como Alberto Torrellas, afirman que tiene su origen en una danza típica española popularizada en el siglo XVIII en Andalucía y que su formato musical fue creado por Sebastián Lorenzo cerezo en 1780.

Hubo también cronistas que narraron que el bolero español llegó a Cuba a principios del siglo XIX y sus primeros intérpretes fueron músicos negros, mulatos y criollos.

Sus letras llenan miles de páginas en los cancioneros inmortales y se cuentan entre sus intérpretes a los solistas, los dúos, los tríos, los cuartetos, los quintetos, los sextetos y las grandes orquestas, quienes lo han llevado desde un zaguán con motivo de una serenata dedicada por un enamorado a su amada, hasta los grandes escenarios de los teatros.

Poesía lírica
Diferente al tango que se fundamenta con el lenguaje lunfardo y socialmente representa a los humildes y habitantes del bajo mundo porteño, las letras del bolero son poesía lírica sin distingos de clase social.

Esos versos con estuche musical grabados con inigualables voces, son los que permiten afirmar que el bolero es la corriente inmortal en la historia de la música popular.

El venezolano Rafael Castillo Zapata (Caracas, 1958), docente de la Universidad Central de Venezuela, como producto de una investigación semiológica que adelantó sobre el bolero, en 1990 presentó su libro “Fenomenología del bolero” (Monte Avila Editores Latinoamericana); ensayo que se encarga de extractar su esencia a algunos boleros: “Di que me quieres”, el poder de sanación de las palabras del bolero; “Un alma que al mirarme”, estadio narcisista del amor; “Como dos puñales”, poder hechicero de quien domina; “Que seas feliz”, sublimación del duelo amoroso.

Boleristas inmortales
El origen del primer bolero se le adjudica a Pepe Sánchez, quien en 1883, cuando tenía 27 años de edad, compuso “Tristeza”, que es considerado como el primer bolero escrito con dos estrofas de cuatro versos en compás de dos por cuatro. Este bolero en 1905 fue grabado en México, pero bajo el título de “Un beso”.

Las letras más destacadas en la historia del bolero, entre los millares que llenan los cancioneros, son: “Tristeza” (Pepe Sánchez), “Lágrimas negras” (Miguel Matamoros), “Las perlas de tu boca” (Armando Bronca), “Convergencia” (Bienvenido Gutiérrez), “Dos gardenias” (Isolina Carrillo), “Nuestras vidas” (Orlando de La Rosa), “Nosotros” (Pedro Junco), “La gloria eres tú” (José A. Méndez), etc.

Entre los boleristas inmortales figuran: José “Pepe” Sánchez, Emiliano Blez, Alberto Villalón, Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Patricio Ballagas, Agustín Lara, Miguel Matamoros, Armando Manzanero, Pedro Flórez, Rafael Hernández, Plácido Acevo, Daniel Santos, Benny Moré, Rolando La Serie, Roberto Faz, Isolina Carrillo, Teresita Fernández, Marta Valdés, Toña La Negra, María Luisa Landín, Celia Cruz.

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