Parten los últimos ensayistas
Juan Gustavo Cobo Borda
Juan Gustavo Cobo Borda (1948-2022), uno de los críticos y ensayistas más afamados que quedaban en Colombia, murió el pasado 5 de septiembre.
A propósito, recordemos que el ensayo de crítica literaria es el género, unas veces considerado complejo, cuando es publicado en revistas especializadas, otras, superficial, ligero y efímero, cuando se hace a través de periódicos o de folletines.
Por eso los lectores comunes fácilmente no asimilan esa crítica ensayística y sólo se guían por la efímera. En esencia los ensayistas son críticos, más no todos los críticos son ensayistas.
El estilo ensayístico de Cobo Borda, va dirigido a toda clase de lector, es sencillo y comprensible, sin caer en lo superficial.
Cobo Borda representó a los críticos que ensayaron para posibilitar el acercamiento entre lectores y autores debutantes, igualmente, la aproximación con los veteranos que lanzan sus nuevas publicaciones. Los críticos, en la práctica son escritores especialistas, que, para su discernimiento, asumen el doble ejercicio intelectual: leen juiciosamente las obras literarias, que reciben en primicia y, producen sus ensayos. En parte, dependerá de los críticos, el éxito o el fracaso de las nuevas obras literarias.
Critico envidiado
Paradójico que en Colombia haya pocos críticos, siendo que en el bachillerato y en la universidad, los docentes “evalúan revisando ensayos” de los estudiantes. Pero, son contados los críticos y, los pocos que quedan, están partiendo hacia la eternidad, ya lo hicieron Baldomero Sanín Cano, Hernando Téllez, German Arciniegas, Otto Morales Benítez, Juan Gustavo Cobo Borda.
El caso del controvertido ensayista, William Ospina, demuestra que los críticos pueden perder el prestigio si no guardan afinidad entre su producción intelectual y las actitudes políticas. Juan Gustavo Cobo Borda, fue un crítico envidiado, que lo consideraron “el niño mimado” de las matronas de la cultura, pero a la vez, fue muy respetado por los detentadores del poder.
Escribió poesía, fue librero en Bogotá, subdirector de la Biblioteca Nacional y dirigió las revistas ECO.
En Colcultura, cuando la directora era Gloria Zea, asesoró la revista Gaceta. Desde 1993 fue miembro de la Academia Colombiana de La Lengua.
Aunque se desempeñó como agregado cultural en Argentina y, después, embajador en Grecia, jamás pudieron señalarle de politiquero, sólo logró reconocimientos oficiales a su calidad intelectual. Fue un intelectual digno, excepcional, que logró le pagaran para que hiciera lo que más le gustaba: estar inmerso en una biblioteca, leyendo y escribiendo, de tiempo completo.
Borda en Colcultura
Juan Gustavo Cobo Borda, fue alma y cerebro en Colcultura, instituto germen que se transformaría en Ministerio de Cultura.
Durante años asesoró a Gaceta, revista que difundía los aportes de los mejores exponentes de la vida artística, las letras y la cultura de nuestro país. Cobo Borda, fue autor de varios libros: Todos los poetas son santos, La musa inclemente, El olvidado arte de leer, Lector Independiente, Historia de la Poesía Colombiana.
Por encargo del Instituto Caro y Cuervo, con motivo del nombramiento y aceptación de García Márquez como Miembro Honorario, Cobo Borda recopiló estudiosos garciamarquianos destacados, en noviembre de 1995, terminó “Repertorio Crítico sobre Gabriel García Márquez”, dos tomos que reúne trabajos de: Hernando Téllez, Dasso Saldívar, José Luis Diaz Granados, Germán Santamaría, Plinio Apuleyo Mendoza, Emir Rodríguez Monegal, Julio Ortega, Martha Canfield y, otros.
Juan Gustavo Cobo Borda, lo prologó “La Biblioteca de Macondo”. Durante la administración de Ernesto Samper Pizano, como parte de la Biblioteca Familiar Presidencia de la República, le incluyeron su crítica literaria, que Esperanza López Parada, de la Universidad Complutense de Madrid, prologó: “Juan Gustavo Cobo Borda: el baile de las voces”. Este libro de Cobo Borda, contiene ensayos propios sobre Silva, Arciniegas, Mutis y García Márquez.
Biblioteca de Macondo
Las editoriales ofrecen ensayos sobre García Márquez, de críticos de todas partes y en diferentes idiomas.
En Colombia están dispersos en librerías, bibliotecas públicas y universitarias. Los ejemplares que faltan en un anaquel, están repetidos en otros, donde tal vez sea restringido el acceso.
Por eso, Cobo Borda asumió la admirable misión de reunir en “Repertorio Crítico sobre Gabriel García Márquez” (Instituto Caro y Cuervo 1995), la producción de connotados ensayistas.
“Es útil reunir las repercusiones de una obra, -argumentó Cobo Borda- en los ámbitos más diversos, y su metamorfosis definitiva en otras miradas. Una obra no es sólo ella misma: es también lo que otras lecturas ven allí. Lo que, de seguro, el mismo autor no previó al escribirla. La obra de Gabriel García Márquez es, hoy en día, una referencia habitual, en todo el mundo, no sólo de la literatura latinoamericana sino de la literatura misma, sin limitaciones geográficas. Este repertorio crítico busca, desde esta perspectiva, razonar ese reconocimiento. Al leer y descifrar los manuscritos de Melquiades prolongamos su escritura. Edificamos, entre todos, la perdurable ciudad de espejos o espejismos indistintamente denominada Aracataca, América Latina o el Mundo”.
Esperanza y Cobo
Esperanza López Parada, de la Universidad Complutense de Madrid, ensaya sobre los ensayos de Juan Gustavo Cobo Borda: “Cobo se ejercita, los libros citados no representan lo incuestionable y absoluto, como sí lo hacen en la obra del erudito. Cobo insiste en lo esencial que resulta para la literatura colombiana el diálogo entre lo más cercano y lo más universal y anterior, entre lo autóctono y lo diverso. Insiste asimismo en la falta de interpretaciones que Colombia padece, en cómo las busca pasionalmente y cómo le urgen estas visiones globales y matizadas de sí que el hecho artístico y crítico puede proporcionarle. Ambos, creación y análisis, se salvan de nuevo en calidad de instrumentos imprescindibles, aun en países insuficientes, para subsanar esa carencia y para el conocimiento de la naturaleza propia”. Al partir Juan Gustavo Cobo Borda, el mejor homenaje que su memoria se merece, es que reivindiquemos su legado crítico.
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente