Andrés Mauricio Arcila Vega, joven zarzaleño que deja sus huellas en las paredes

Murales que endulzan como los cañaduzales

domingo 28 de febrero, 2021

Luis Ángel Muñoz Zúñiga | Especial Diario Occidente

Encontramos murales en las metrópolis porque los conservatorios determinan su florecimiento artístico. Sin embargo, cuando pasamos por Zarzal, un pequeño municipio escondido entre los latifundios cañeros que surten a los ingenios azucareros de la región, que tiene una historia estancada de 120 años de fundado y cuya población no alcanza los cien mil habitantes, hallamos la excepción a la regla social.

Tuvo que recorrer mucha agua por el cauce del río La Paila para que el lema zarzaleño de “Paz y progreso” empezara a convencer de que sí es cierto, a los transeúntes que viajan por la vía panamericana. Ahora, entendemos que comienza el progreso a través del arte cuando vemos sus murales. Lo sorprendente es que uno de los pioneros es Andrés Mauricio Arcila Vega, un joven artista de 22 años que viste de colores las paredes.

Huella pictórica
Andrés Mauricio Arcila Vega, realizó sus estudios de primaria en la escuela Efraín Varela Vaca y los de bachillerato en el colegio Pablo Emilio Camacho Parea de Zarzal. Empezó a pintar desde sus 15 años, cuando entró a la Casa de La Cultura, guiado por el artista profesor Diego Campo.

Después desarrolló sus habilidades cuando empezó su licenciatura en educación artística y se enroló en grupos vanguardistas que al conocerle su creatividad lo invitan a talleres y a hacer parte de sus proyectos muralistas. En esas tertulias, conversatorios y talleres, se fundamentó ideológicamente para identificarse con el legado de líderes pacifistas y los problemas sociales. Por eso pintó murales emblemáticos en homenaje a Jaime Garzón y a los niños indígenas de las comunidades sureñas del país. Llegó el día que su obra muralista permitió que lo invitaran a jornadas artísticas en Ecuador y Perú, países en que hizo parte de colectivos de muralistas y donde también dejó su huella pictórica colombiana.

Obra emblemática
“Cuando cursaba mi décimo grado, allí en el colegio inicié mis procesos de muralismo. Pinté dos murales sobre sus paredes, aunque desafortunadamente ya no están. Cursando décimo también pinté un Jaime Garzón en la sede regional de la Universidad del Valle por invitación que me hicieran los integrantes del consejo estudiantil que lideraba los procesos políticos universitarios.

En Neiva (Huila), en la Universidad Surcolombiana, la Usco, cuando iniciaba mis estudios universitarios hice otro Jaime Garzón. Lo pinté en una zona de esparcimiento al interior de la universidad, que desde ese entonces popularmente empezó a llamarse Plaza Jaime Garzón.

Esta plaza siempre la han querido acabar las distintas administraciones porque es un espacio de debates. El mural tiene tres metros de alto por cinco de largo. Anteriormente hubo otros murales que por los conflictos fueron borrados. El mío se ha salvado, se ha mantenido intacto, lo han defendido algunas personas de la administración, aunque, más por su belleza estética, que por el personaje que representa”.

Mensajes ancestralistas
La niñez, la igualdad, la diferencia y los procesos de reinserción, son otros de los temas que también inspiran a este joven pintor zarzaleño, que esta vez atendió nuestra invitación a la página Cultura de Diario Occidente.

“Todos somos iguales siendo diferentes, es el título de otro de mis murales, que significa mucho para mí y que lo hice en homenaje a los niños de diferentes características. Lo hice en una pared de la Normal Superior de Zarzal, en los días de alguna de mis vacaciones universitarias en que volví al pueblo. La institución me apoyó, después que se negaron en mi colegio de donde egresé y la administración municipal. En Colinas, Guaviare, con la participación de algunos exguerrilleros, dirigí varios murales sobre la paz. En Valdivia, municipio precolombino del Ecuador, con el apoyo del museo, pinté varios murales. En Cuzco, Perú, pinté un inca, titulando el mural con una frase en quechua”.

Gratitud natal
Andrés Mauricio Arcila Vega, siendo consciente de que los grandes artistas tienen como gesto de gratitud para su terruño dejarle un museo o una obra suya, caso muy diciente el de Omar Rayo con su natal Roldanillo, ahora está empeñado en erigir una escultura emblemática en Zarzal.

“Varios artistas agrupados en una fundación cultural tenemos el proyecto de donarle una escultura a nuestro municipio. Hemos pensado hacerla con varillas de hierro y cemento. Esa escultura la entregaremos en homenaje a los trabajadores de la caña de azúcar y la afro-colombianidad, porque la población afro representa un cuarenta y ocho por ciento del total del municipio, personas que son consideradas parte de esa nueva esclavitud a que las sometió la industria azucarera”.

Comments

Otras Noticias