Diagnósticos literarios de pestes

Novelas fundamentadas con las pandemias de la historia

domingo 26 de abril, 2020

LUIS ANGEL MUÑOZ ZUÑIGA
Especial Diario Occidente

El coronavirus o Covid 19 sorprendió al mundo y muchos de los afectados o damnificados sólo lo relacionan como un anuncio bíblico apocalíptico.

Todavía no se ha probado que sea resultado de algún experimento oculto desde un laboratorio, planeado por oscuros intereses políticos, económicos e imperialistas, ni tampoco que sea consecuencia de extrañas y antihigiénicas costumbres alimentarias orientales.

Lo cierto es que el virus avanza congestionando la salud pública, cuantificando muertes, aumentando el desempleo, restringiendo los derechos, minando los mercados, escaseando los alimentos, propiciando la especulación, agudizando el hambre, paralizando la economía y cerrando la producción fabril.

Así mismo el coronavirus arremete obligando a suspender: los transportes, la educación presencial, el turismo, el deporte, el comercio informal, los espectáculos y, demás actividades humanas. En conclusión, decimos que el coronavirus cambió costumbres y, damnifica colectivamente, sin distingo de edades, géneros, etnias, credos, estratos, linajes o sistemas políticos.

En Colombia cunde el pánico y este se acrecienta a medida que los medios masivos informan sobre nuestra vulnerabilidad en la etapa de contención, la insuficiente infraestructura clínica para la mitigación y se predicen cifras de sus estragos e impactos letales. Aunque los científicos investigan infatigablemente cómo prevenirlo o combatirlo, todavía no descubren la vacuna.

Diagnósticos literarios

Durante el confinamiento o aislamiento obligatorio, muchas personas llevadas por la curiosidad, otras conectadas con actitud masoquista, pasan el tiempo consumiendo cine generador de miedo con ficciones sobre el tema. No faltan quienes esconden la cabeza debajo de esa arena virtual convulsionada por memes.

En calamidades observamos que consuetudinariamente el humor se vuelve refugio. Reacciones sociales que suceden porque las epidemias, las pestes y las pandemias, no han tenido registros importantes en las páginas de la historia, ni tampoco son tema del currículo educativo. Esto amerita una reforma.

Sin embargo, hay diagnósticos en la literatura. Varios escritores construyeron sus novelas fundamentados con las pestes de su tiempo. Entre otros, figuran: Giovanni Boccaccio (1313-1375), Daniel Defoe (1660-1731), Thomas Mann (1875-1955), Albert Camus (1913-1960), José Saramago (1922-2010) y Gabriel García Márquez (1927-2014). En su orden son autores de las siguientes novelas: Decamerón, Diario del año de la peste, La montaña mágica, La peste, Ensayo sobre la ceguera y El amor en los tiempos del cólera.

En los días del aislamiento obligatorio en casa para mitigar el coronavirus, en tales obras literarias hallaremos narraciones sobre las maneras cómo la humanidad afrontó las pestes en las distintas épocas históricas. Al regreso a clases presenciales en las aulas, seguramente los días siguientes al 31 de mayo, para docentes y estudiantes esos títulos bien pueden convertirse en objeto de lectura crítica.

Metodológicamente sería útil hacer una contextualización de lo narrado en las obras literarias y relacionarlas con algunas pandemias: la peste negra que asoló a Europa a mediados del siglo XIV, la peste bubónica de 1665 en Londres, la peste transmitida en Oran por la proliferación de ratas, la reacción de los enfermos que enceguecieron masivamente y, el cólera, que a finales del siglo XIX y principios del XX cundió en pánico a Cartagena y demás puertos de otros países caribeños.

De Boccaccio a Gabo

Boccaccio retoma vigencia en estos días porque como resultado del confinamiento en su tiempo, él pudo producir una obra maestra de la literatura universal. Por su parte Defoe, en “Diario del año de la peste”, a la par que narra las peripecias de los londinenses y en calidad de pequeño tendero confiesa sus dudas de si quedarse o huir de la ciudad infectada. Camus, en “La peste”, narra el confinamiento de los ciudadanos de Oran sin desfallecimiento.
García Márquez, en “El amor en los tiempos del cólera”, narra que fue posible amar en medio de la primera pandemia que asoló a nuestro país.

“El Decamerón” de Boccaccio, resalta en su proemio: “Algunos decían que el vivir moderadamente, absteniéndose de todo placer superfluo, era el mejor medio de prevenir cualquier peligro; los que tal creían, se agrupaban y encerraban en alguna casa en la que jamás hubiera entrado la peste; vivían apartados de los demás, usando con temperancia los más delicados manjares y raros vinos, procurando evitar cualquier exceso y huyendo el trato y conversación con los vecinos”.

En la página 156 de “El amor en los tiempos del cólera”, Gabriel García Márquez nos dice: “Desde que se proclamó el bando del cólera, en el alcázar de la guarnición local se disparó un cañonazo cada cuarto de hora, de día y de noche, de acuerdo con la superstición cívica de que la pólvora purificaba el ambiente. El cólera fue mucho más encarnizado con la población negra, por ser la más numerosa y pobre, pero en realidad no tuvo miramientos de colores ni linajes”.

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