El misterio de la mente cuando dormimos

¿Por qué algunas personas recuerdan sus sueños y otras casi nada?

Foto: IA
jueves 22 de enero, 2026

Hay personas que despiertan cada mañana con historias completas en la cabeza: paisajes, diálogos, emociones intensas, escenas detalladas. Y hay otras que abren los ojos y no recuerdan absolutamente nada.

Yo nunca sueño”, dicen. Pero la verdad es que todos soñamos. La diferencia está en quién logra recordar lo que soñó.

Recordar los sueños no es cuestión de magia, sino de conexión con la mente y el cuerpo. Durante el sueño, el cerebro atraviesa distintas fases.

Los sueños más vívidos suelen ocurrir en la fase REM, cuando la actividad cerebral es intensa. Pero al despertar, el recuerdo del sueño es frágil. Si no se captura rápido, se desvanece.

Las personas que recuerdan sus sueños suelen tener una mente más introspectiva. Prestan atención a sus emociones, reflexionan sobre lo que sienten, están más conectadas con su mundo interno. No necesariamente son más sensibles, pero sí más conscientes de sus procesos internos.

El estrés juega un papel clave. Cuando alguien vive en un estado constante de tensión, el sueño se vuelve superficial. El cerebro descansa menos y recuerda menos.

Por eso muchas personas que atraviesan etapas de ansiedad o sobrecarga mental sienten que no sueñan o que duermen sin profundidad.

¿Cómo despiertas?

También influye la rutina. Quienes despiertan bruscamente, revisan el celular de inmediato o saltan de la cama sin transición suelen perder el recuerdo del sueño.

En cambio, quienes se permiten unos minutos de quietud al despertar tienen más posibilidades de recordar lo que soñaron.

Desde una mirada psicológica, los sueños son una forma de procesamiento emocional. La mente organiza experiencias, miedos, deseos y recuerdos.

Por eso, en momentos de cambios importantes, los sueños suelen intensificarse. No es casual que muchas personas recuerden más sueños cuando están atravesando decisiones, rupturas o transformaciones.

Desde una mirada más simbólica, los sueños también funcionan como un lenguaje del inconsciente. No siempre dicen cosas literales, pero sí emocionales. Soñar con caer, perderse, volar o reencontrarse suele reflejar estados internos más que eventos externos.

Las personas que no recuerdan sus sueños no están desconectadas de su mundo interior; simplemente tienen menos acceso consciente a él.

Su mente sueña, pero no logra traer esas imágenes a la vigilia. Eso no es un problema, pero sí una señal de cómo se relacionan con su vida emocional.

Recordar los sueños no es un don especial. Es una habilidad que se puede entrenar. Basta con despertar más lento, evitar estímulos inmediatos y prestar atención a las primeras sensaciones del día. A veces, el sueño está ahí, esperando ser escuchado.

Tal vez los sueños no son mensajes misteriosos del futuro, sino conversaciones silenciosas con nosotros mismos. Y recordar o no recordar esos mensajes dice mucho sobre cómo estamos viviendo.


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