Cuando la naturaleza se apaga

¿Por qué ya no sentimos paz ni en los paisajes más bellos?

Fotos: Pexels
viernes 27 de junio, 2025

Antiguamente, una caminata entre árboles o un atardecer bastaban para calmar la mente.

Hoy, incluso en los paisajes más hermosos, muchas personas sienten ansiedad, vacío o desconexión.

¿Qué cambió? No fue la naturaleza. Fuimos nosotros.

Vivimos en un mundo hiperestimulado. Pantallas, notificaciones, ruido visual y mental constante.

Nuestro sistema nervioso se ha acostumbrado al vértigo, al drama, a la sobrecarga.

Y cuando por fin nos detenemos frente a un bosque o al mar, no sabemos qué hacer con el silencio.

Ese fenómeno tiene nombre: agotamiento sensorial. Y está afectando la forma en que conectamos con el entorno.

Incluso quienes buscan “retiros de descanso” se encuentran revisando el celular cada cinco minutos.

No es falta de voluntad. Es una adicción cultural a la distracción.

Pero hay algo más profundo: la desconexión emocional con la naturaleza. Ya no la vemos como hogar, como aliada, como parte de nosotros.

La vemos como “escenario”. Tomamos fotos, no memorias. Publicamos atardeceres, pero no los sentimos.

Además, la culpa ecológica pesa. Sabemos que estamos contaminando, que el cambio climático avanza.

A veces, contemplar un paisaje hermoso nos duele… porque intuimos que podría desaparecer.

¿Qué podemos hacer?

Regresar al cuerpo: caminar descalzos, respirar con intención, tocar la tierra.

Observar en silencio, sin buscar “hacer algo”.

Agradecer: cada paisaje es un regalo.

Habitar el presente, sin pantalla de por medio.

Porque la naturaleza sigue hablando. El problema es que ya no sabemos escucharla. Y en esa desconexión, también se apaga una parte de nosotros.


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