Libertienda, un tertuliadero en la Loma de la Cruz
Refugio de los intelectuales
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Héctor Granada empoderó a la Loma de la Cruz de un espacio cultural que le faltaba. Este lugar emblemático de la ciudad tradicionalmente era conocido porque allí conseguimos artesanías, vemos las danzas andinas, disfrutamos de fritangas, de restaurantes y de los espectáculos de fines de semana. Aunque es un lugar de encuentro entre amigos, de las parejas y muy visitado por los turistas, carecía de un tertuliadero para los intelectuales.
Hasta que llegó este palmireño, loco de contento con su cargamento de libros, obras de arte, música y café, para optimizar con su proyecto cultural el lugar. Ahora con Libertienda, Héctor en la Loma de La Cruz promueve la lectura, las conferencias, las audiciones de jazz y demás música selecta, los conciertos y los conversatorios.
Es un espacio indicado para compartir un tinto, alguna otra fusión aromática o un vino, mientras leemos gratuitamente una obra clásica de la literatura. “Fue un sueño aplazado desde que era estudiante del Colegio Cárdenas de Palmira y valoré las lecturas en grupos de estudio. Perseveré con esa idea hasta que me decidí a cumplirla después que fui despedido del sector salud. Quedé libre y conté con el apoyo de mi familia para realizar el proyecto que guardé por muchos años”.
Sueño cumplido
Héctor pasó por la recta final de maduración de su idea desde los días de estudiante de Filosofía en la Universidad del Valle. Cada vez que podía adquiría un nuevo ejemplar que guardaba como fondo hasta que se cumpliera su sueño.
Nuestra ciudad que lo acogió, carecía de un tertuliadero desde los tiempos dorados del Tita Rufo en el Peñón, Los Turcos en Centenario y La Morada Alternativa en Versalles, lugares donde se reunían los universitarios y los intelectuales a discutir los postulados de la transición de la teoría a la praxis. Inmediatamente dejó de laborar en el Hospital Universitario Evaristo García, invirtió sus cesantías en la materialización de su sueño.
“Libertienda se inició en julio de 2017, en la calle 5, diagonal a la Biblioteca Departamental, en el primer piso de la casa de Johnny Rasmussen, gracias a un acuerdo con el reconocido maestro de fotografía. Fallecido mi amigo y terminadas las restricciones impuestas por la pandemia, nos trasladamos a la carrera 16 No. 2A-47, contiguo al parque artesanal Loma de La Cruz”.
Ambiente cultural
El ambiente cultural de Libertienda se percibe desde la entrada. Parece que las paredes de la casa en vez de ladrillos, estuviesen construida con pilas de libros. Pero no sólo hay qué leer, sino también fotografías, pinturas, piezas de la alfarería precolombina, máscaras y esculturas. Es el refugio para aquellos intelectuales que se ensimismaban en una ciudad que sólo habla de fútbol.
El rumor sobre la existencia de este centro cultural, ha atraído a profesores universitarios, estudiantes y escritores que buscan libros antiguos y ediciones descontinuadas, como a distinguidos intelectuales, figurando William Ospina y Santiago Gamboa, entre otros. Además de lectores, también llegan soneros y coleccionistas porque en el lugar también ofrecen grabaciones presentadas en acetatos. En estos tiempos de la poesía sin público, en Libertienda crece la audiencia. Los poetas presentan los libros, explican sus metáforas y declaman sus propios versos.
Libros antiguos
Héctor Granada, no ignoraba los riesgos que implicaba dedicar los días de su jubilación y su pensión para mantener un centro cultural, que asume como un hobby y como una misión social. Pero la mantendrá hasta el final de sus días, como atendiendo el llamado de la canción de León Giecco: “Sólo le pido a Dios/ que el dolor no me sea indiferente/ Que la resaca muerte no me encuentre/vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Solo le pido a Dios/ que el futuro no me sea indiferente/ desahuciado está el que tiene que marchar/ a vivir una cultura diferente”. En los tiempos del ruido y del libro digital, cuando se desconoce el destino de las bibliotecas, los coleccionistas encuentran este lugar como el espacio digno de los libros antiguos.
Refugio intelectual
“Es un refugio intelectual. La tienda de la libertad. Un espacio dedicado a la literatura, al arte, la poesía y la cultura en sus diversas expresiones. En estos cuatro años de existencia hemos programado muchas conferencias, lanzamientos y presentaciones de libros, reuniones literarias y culturales, además de conciertos, donde el jazz y el blues, son los protagonistas. Aquí los visitantes, amantes del conocimiento, encuentran la paz para la lectura, mientras toman un café, ambientado con algunas melodías. Resistimos, convencidos de que en el 2021 continuaremos sin desfallecer. Para los caleños y los visitantes, siempre será aquel oasis cultural en esta convulsionada metrópoli”.