Clima extremo en pleno invierno boreal
El fuerte invierno de 2026 reaviva el debate climático
Las intensas tormentas de nieve y el avance de frentes fríos registrados en distintas regiones del planeta durante enero de 2026 han vuelto a poner al clima en el centro de la agenda informativa.
Desde ciudades paralizadas por acumulaciones récord de nieve hasta cortes de energía y afectaciones al transporte aéreo y terrestre, el invierno se ha mostrado particularmente severo en zonas de América del Norte, Europa y partes de Asia.
En varias capitales europeas, las autoridades activaron planes de emergencia ante temperaturas inusualmente bajas y nevadas persistentes.
Al otro lado del Atlántico, extensas regiones enfrentaron ventiscas, carreteras bloqueadas y escuelas cerradas durante varios días.
En Asia central y oriental, masas de aire polar provocaron descensos bruscos de temperatura, afectando tanto a grandes urbes como a comunidades rurales.
¿Qué pasa?
La pregunta que surge, casi de manera automática, es si estos episodios son “normales” o si forman parte de un patrón más amplio vinculado al cambio climático.
Los especialistas coinciden en que las tormentas de nieve y los frentes fríos no son fenómenos nuevos: forman parte de la variabilidad natural del clima invernal.
Sin embargo, advierten que lo que está cambiando es su intensidad, frecuencia y comportamiento.
El calentamiento global no implica la desaparición del frío.
Por el contrario, un planeta más cálido puede alterar la circulación atmosférica, debilitando el llamado vórtice polar y permitiendo que masas de aire extremadamente frío se desplacen hacia latitudes donde antes eran menos frecuentes.
Este “clima más errático” puede traducirse en episodios de frío extremo más intensos, aunque intercalados con períodos inusualmente cálidos.
Además, una atmósfera más caliente retiene mayor humedad.
Cuando coinciden temperaturas bajo cero y altos niveles de humedad, el resultado pueden ser nevadas más copiosas y tormentas invernales más destructivas, como las observadas este enero.
Advertencia
De cara al futuro, los científicos advierten que estos eventos podrían volverse más graves si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.
Las ciudades y los sistemas de infraestructura, diseñados bajo supuestos climáticos del pasado, enfrentan el desafío de adaptarse a escenarios más extremos y menos previsibles.
El invierno de 2026 no es una anomalía aislada, sino una señal más de un clima en transformación, donde el frío intenso y el calor extremo conviven como dos caras de una misma crisis global.